sábado, 17 de septiembre de 2011

No somos tribus urbanas de Carlos Camaleón

Carlos Camaleón es un referente dentro del underground en la Ciudad de México y entendidos en todo aquello que se refiere a los géneros y subgéneros dentro de la literatura y el cine. Promotor cultural y empresario (quitando toda connotación negativa que la palabra conlleva) Camaleón realiza año con año diferentes festivales, mesas de lectura y encuentros para hablar sobre lo que le interesa: el realismo sucio, el vampirismo, la ciencia ficción, la fantasía y demás géneros menospreciados. Por eso sabe de lo que habla cuando punto por punto defiende la premisa del título de su libro. No somos tribus urbanas es un ensayo donde Camaleón demuestra que el término tan en boga en los noticieros y libros de sociología es en realidad un reduccionismo para poder asir a un gran sector de la población que no corresponde al estándar de la cultura de masas. Término que intenta explicar por la vestimenta a los grupos juveniles, como si se trataran las facciones en pugna dentro de la película Mad Max II, El guerrero de la carretera de Miller o focalizarlo a la juventud. Razón por la cual la definición “Tribus urbanas”, no alcanza a comprender en realidad de lo que habla. En el primer capítulo se zanja la discusión, pero el resto del libro es un recorrido por las premisas de varias identidades culturales contemporáneas (ICC), como él llama a las diferentes expresiones contrarias a la cultura de masas. Hace un recorrido somero por el uso de las drogas, la literatura alternativa, la utilización de una nueva identidad por parte del grupo en el que se elige estar, además de echar por tierra el término sociológico “culturas juveniles” al mencionar la militancia de veteranos como William Burroghs, Nick Cave, David Bowie o Mick Jagger. Tal vez ahí esté uno de los puntos débiles del libro, su brevedad. Algunos temas se antojan que pudieran ser desarrollados con más amplitud, aportar muchos más datos, pero se quedan en simples referencias a vuelo de pájaro. O el mencionar muy sucintamente a Alejandro Jodorowsky que ha creado en si mismo una subcultura. El libro va en su tercera reimpresión y como buena publicación subterránea es editada por el propio Carlos Camaleón en su sello El Under ediciones localizable en la página web del mismo nombre.

Circa 94 de Fran Ilich


Siempre he pensado que los noventas mexicanos comenzaron en 1994 con el error de diciembre y con la aparición del zapatismo. Orión, el personaje adolescente creado por Fran Ilich, data sus noventa con la asistencia a ese enorme rave que sucedió en California en ese mismo año y que da nombre al libro, Circa 94. Orión observa los demás eventos, desde la muerte de Kurt Cobain hasta la cris económica, como tangenciales. Lo cual habla del zeitgeist de ese momento donde la música, las drogas y los eventos masivos eran los últimos reductos para escapar de una realidad que ya no tenía esperanzas.
Hábil narrador e historiador logra crear un abultado relato generacional, un mapa de lo que significaba ser joven en esa época ida. La sensación de estar siempre a la vanguardia, de utilizar las drogas y la tecnología como una forma de crecimiento personal sin caer en lo maldito tan en boga hoy día. Es más, Orión, personaje fronterizo, tiene ideas muy claras sobre el mundo, pero no sobre él. Lleva una sana relación con sus padres, además de sufrir, como buen adolescente, por su novia con la cual nunca ha tenido sexo.
La novela además reflexiona sobre la literatura, en específico en los aspectos accesorios: los encuentros, las primeras publicaciones de una carrera en ciernes, los chismes entre escritores, las relaciones entre Tijuana, San Diego y la Ciudad de México. Todo lo hace desde esa visión de púber enojado, a la cual le falta malicia, pero que por lo mismo es rabioso y a la vez desencantado. Orión desea escribir la gran novela mexicana, con el ego exacerbado de cualquier escritor en ciernes, que siente que él si podrá concretar lo que tantos antes han querido realizar.
Todas estas virtudes y defectos de Orión logran hacer del personaje un ser real. Uno no puede más que dejarse atrapar por la trama y sufrir o gozar a trompicones todo lo que sucede en aquel 1994 de larga memoria.
Relacionada temáticamente con sus dos novelas anteriores, Tekno-Guerrilla y Metropop, es en realidad la simiente de estas dos. Como ha especificado en más de una entrevista Fran Ilich, la novela fue escrita mucho antes que estas. Por lo que creo que el tema ha quedado agotado.