viernes, 23 de diciembre de 2011

Impronunciable

En la larga lista de películas de ciencia ficción de culto, existen cuando menos dos nombres que se repiten, uno de ellos es Charlton Heston y el otro, por supuesto, Arnold Schwarzenegger. Ambos de derecha, ambos héroes por antonomasia, ambos malos actores, en especial el austriaco, que a pesar de los años sigue teniendo un acento terrible, que lo nota hasta el que menos sabe del idioma inglés.

Heston ha protagonizado Soylent Green, conocida en nuestro país como Cuando el destino nos alcance (USA, 1973) y El planeta de los simios (USA, 1968). Entre muchas otras de desastres que lo convirtieron en el héroe bíblico que promueve el uso de las armas y la desaparición de los inmigrantes.

El caso de Schwarzenegger es peculiar, porque es un inmigrante, que lo único que tenía al llegar era un cuerpo tallado en el gimnasio, un rudo acento alemán y muchas ganas de sobresalir. "El comienzo fue muy difícil para mí. Me dijeron los agentes y en los casting que mi cuerpo era muy extraño y que tenía un acento gracioso y que mi nombre era muy largo. Me dijeron que tenía que cambiarlo. Básicamente, en cualquier sitio que me presentaba, me decían que no tenía ninguna oportunidad.” Afirmó esto en una entrevista para Ask to hace ya algunos ayeres.

Pero pronto llegaría el éxito, con Conan el Bárbaro (USA, 1982), película caída del cielo para sus nulas dotes actorales. Lo único que tenía que hacer era gruñir como un bárbaro cimeriano, mostrar su cuerpo y decir algunos diálogos breves. Filmada en España, con un gran crew español, la película pronto se hizo famosa.

Schwarzenegger fue puesto en una buena plataforma para ser llamado a posibles proyectos. El éxito y consolidación total vino cuando James Cameron (aquel Cameron que extrañamos, no el melodramático y chillón de ahora), lo llamó para protagonizar la cinta de culto Terminator (USA, 1984). Otro papel que casaba a la perfección con sus reducidas capacidades. Aquí haría el personaje de un asesino cibernético que a lo sumo dice “volveré”, que con su acento se oía verdaderamente temible.

La cinta coronó una andanada de películas distópicas llamadas ciberpunk o Technoir, en honor al antro donde se conocen los tres personajes principales de la historia. Huelga decir que Linda Hamiltón se posicionó mejor en su carrera, Cameron como director taquillero y Arnold como personaje emblemático.

Luego vino Comando (USA, 1985) prescindible película de acción que salió para hacerle un poco de sombra a Firts Blood (USA, 1982) de su eterno competidor Sylvester Stallone. Curiosamente, el video juego Contra, desarrollado por Konami, reúne a estos dos personajes sin decirlo expresamente. El videojuego fue un éxito de farmacias y “chispas” durante varios años.

En el 87 vendrían un par de películas más que usarían su tosca forma de actuar para ayudarle. Las dos de ciencia ficción y las dos de culto. Una mejor que la otra. The running Man (USA, 1987) basada vagamente en la novela de Stephen King/Richard Bachman, donde un gobierno maligno gringo (algo así como el de los Bush) crea noticas falsas y mantiene a la gente alelada con un programa muy violento de concursos conocido como The running Man. Huelga decir, Arnold golpea a los malos, casi todos inmigrantes, ya sea japoneses, rusos, alemanes, italianos y se queda con la guapa del cuento, en este caso María Conchita Alonso.

Pero sería Predator (USA, 1987) en que se consolidaría como el héroe perfecto de toda una nueva generación. Película filmada en México, pero supuestamente ambientada en Sudamérica. En ella sale uno de los extraterrestres más memorables de la cinematografía. Schwarzenegger se las arregla para darle de palazos y sobrevivir a una bomba nuclear.

Es con el holandés Paul Verhoeven, que el austriaco viene a dar otro golpe al imaginario de los noventas, que apenas empezaban. Total Recall (USA, 1990), basado en un cuento de Philip K Dick de la misma manera vaga, casi anecdótica que hace Hollywood con los grandes autores. Filmada en su mayor parte en México, utilizando el metro Chabacano e insurgentes y los estudios Churubusco como principales espacios. En ella se cuenta la rebelión marciana en un futuro próximo. La idea de que el líder revolucionario sea un mutante parasitario, casi mítico, llamado Kuato, es genial y emparentada con el cuento ciberpunk de Johnny Mnemonic de William Gibson, donde un delfín super inteligente es el líder de otra rebelión. Los puristas se enojan por esta adaptación, si viene es cierto que retoma sola una parte muy pequeña del cuento del jefe Dick, la verdad es que la cinta no desmerece. Además de que nos enseña en nuestra cara que la ciudad de México es en sí una urbe postapocalíptica, o cuando menos decadente.

Es presionado por el éxito y luego de escribir un buen guión (no como el de Titanic o el de Avatar), que Cameron decide hacer de nuevo mancuerna con Schwarzenegger y Hamilton y revivir al exterminador. Terminator 2: Judgment Day (USA, 1991). Con esta cinta se cierra lo que podríamos llamar el ciberpunk en el cine. Atrás quedan cintas como Mad Max, El Guerrero de la carretera, Cartas de un hombre muerto, entre muchas otras. Habrá muchas más, pero solo ubicarán al hombre en espacios tecnológicos decadentes, sin la profundidad e innovación de estas que vieron su esplendor en los ochentas.

Como explica el escritor Mark Dery, T2 es, además de una cinta de acción, un compendio de géneros invertidos. La maquina masculina en realidad cumple la función de una madre y la madre humana de un padre ausente. La relación con las máquinas se ve reflejada con años de antelación. Edward Furlong, el actor que protagonista al futuro líder de la resistencia, John Connor, no es que sea un genio tecnológico, es que desde su misma concepción las máquinas están en relación con él. Pero las máquinas en sí no son malas o buenas, es el uso de la tecnología del hombre que lo acaba destruyendo. El exterminador acostumbrado a matar puede dejar de hacerlo cuando Connor se lo pide.

Arnold Schwarzenegger más tarde realizaría un par de cintas donde se tomaría en broma él mismo. Nada extraño, si vemos que la comedia se le da también. La incomprendida y veneno en taquilla The last Action Hero (USA, 1993) es un cine dentro del cine que grandes maestros ya habían hecho. Sin embargo, el público no entendió la burla y las referencias, por lo que la cinta apenas pudo recuperarse cuando llego a renta y venta. True Lies, (USA,1993) de su amigo James Cameron es una vuelta de tuerca a las cintas de espionaje y balazos tan en boga en el cine de acción.

Luego Arnold Schwarzenegger comenzaría a necear con la política y a escoger cintas tan olvidables como Eraser (USA, 1996) y la muy mala Batman y Robin (USA,1997). Que vendría a sepultar su carrera y la franquicia.

Schwarzenegger intenta regresar ahora, abandonó la política luego de dejar hecho trizas el estado de California, con un hijo latino producto de su relación extramarital con su empleada doméstica y una carrera que puede levantar o hundirse rápidamente. Debe recordar que a pesar de ser un pelmazo, tiene un buen estatus de héroe, de escoger buenos proyectos, de aliarse con buenos directores. Debe entender que ya está viejo, que lo suyo ya no es la acción física. Ahora esperemos que lo haga bien, porque sus zapatos no los ha llenado nadie.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Provocaré un diluvio de Arturo J. Flores


Uno de los principales problemas que le encuentran a “Provocaré un diluvio” los entendidos en literatura es saber si es crónica, novela o cuento. “Es que no se define”, me dijo a bocajarro un colega escritor. ¿Y cuál es el problema?, me respondí. Provocaré… es un libro que reúne las crónicas diarias (o cuando menos muy cercanas al día de los hechos), al surgimiento y posterior auge de un grupo de metal integrado por mujeres. La relación entre su manager-cronista y las chicas inicia de una frase casi inocente: “Ya vuélvete nuestro mánager, cabrón.”
De ahí surgen una serie de híbridos literarios que tocan lo mismo el cuento, la crónica, la novela, que la nota periodística y la simple entrada al blog, es decir, la escritura automática. Arturo J. Flores, curtido en las páginas de las revistas musicales, es un escritor atípico, porque si bien ha asistido a diferentes talleres literarios, no se ha formado como tal. Lo cual es para mí un punto a su favor, ya que abre nuevas posibilidades alejadas del canon. Flores no se detiene a pensar si lo que hace está quebrando leyes, si es socialmente responsable, si hablar de heavy metal es vendible (¡dios mío!, demodé, eso fue de los ochentas), si su relato de un grupo de “casi famosas” podría tener un público, si le gustaría a los críticos del Reforma, Jornada o Milenio.
Flores simplemente se deja llevar por el fragor de las tocadas en lugares alejados de la periferia y nos brinda desde el punto de vista del conocedor, o sea él, los datos suficientes para comprender por qué tal evento o situación es de relevancia y nos muestra, a los ignotos, que la Ciudad de México alberga un mundo metalero con sus propios signos, templos y feligreses.
Arturo J. Flores crea personajes entrañables, tridimensionales, basados en la realidad, es cierto, pero novelizados. Flores sabe fijarse en el detalle, sabe encontrar la fraternidad en un gremio que supuestamente está basado en el odio. Sabe desnudar a sus protagonistas y mostrarlas como seres humanos y no como las caricaturas que se convirtieron los mismos dioses sagrados del metal. Sabe encontrar la anécdota que humaniza, desde el roquero provincia que muere a costa de su pequeña fama, hasta la fan que persigue a Iron Maiden por el mundo.
Uno de los problemas que le encuentro al libro es que parece ser que no ató todos los hilos y algunos hechos o ideas se reiteran. O simplemente quiso dejarlo tal cual fue saliendo, respetando el mood del momento.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Efímera de Miguel Antonio Lupián Soto


El relato corto es muy difícil de vender, a las editoriales el cuento les parece poco comercial, poco manejable. Lo que es una ironía, porque en los suplementos culturales de todo el país es lo que te piden. Ya no se diga en las revistas que publican algo literario, como Playboy, Luvina y algunas más. Lo que se vuelve más tortuoso es que entre más breve mejor. Entonces comienzas haciendo cuento y debes terminar de novelista si quieres salir del ring protegido de las editoriales estatales. Porque se supone que el cuento no es un género en sí, sino simplemente un adiestramiento para ahora si ser escritor. Por eso, además de la inteligencia, el trabajo de relojero con las palabras, es valeroso quien hace relato y mucho más el que hace breves.
Eso ya le da un plus al libro de Lupián Soto, pero tiene más agravantes. Es fantástico y algunos se inscriben en la etiqueta del terror, lo cual lo convierte en un paria, porque los escritores “serios” no hacen eso. Pero el autor lo hace bien. Efímera es un universo en sí mismo, un mundo que tiene algunas zonas de contacto con la literatura gótica clásica (el caso de Clarimonda) y desde la breve ficha curricular, con el omnipresente Lovecraft. Pero también tiene en común y mucho, con los escritores tangenciales mexicanos, como Francisco Tario (tan llevado y traído en estos días cuando antes nadie se acordaba de él) y Amparo Dávila.
Como otros escritores de su generación, el cine es materia prima de su literatura. Lo cual se refleja, no en una narración cinematográfica, sino en que los escenarios mostrados nos recuerdan a sitios en donde hemos estados desde una butaca de cine. Como ejemplo, dos títulos: “Empresa Transnacional solicita” y “El blues del zorro”. Este último recuerda a las irreverentes caricaturas de los treinta y cuarenta.
Lupián crea minificciones ácidas, burlonas, como las de “Boda química”, donde el matrimonio y el amor son pasados a cuchillo. Por cierto, humor que no menudea en el resto de las narraciones.
Cuando menos tres cuentos son propicios para antologarse por su contundencia: “La Gotera” cruel, preciso, “El ladrón de fotografías” kafkiano y “Primera entrada al diario de un ciego”, que me recordó veladamente a Borges.
Lo malo del libro es su distribución, a pesar de la cuidada labor del editor y del propio escritor el libro encontrara problemas para estar en librerías al tratarse de una editorial pequeña (Samsara). Pero Efímera buscará a sus lectores.