domingo, 18 de marzo de 2012

El fantasma de Alucarda

En la andanada de documentales que el abaratamiento de costos y equipos de producción nos ha heredado este nuevo siglo, “Alucardos, retrato de un vampiro” se aleja de la denuncia social, en boga, para hundirse en las profundidades de un autor tan poco valorado, como escondido, de la cinematografía nacional; Juan López Moctezuma. Sin embargo, “Alucardos, retrato de un vampiro”, no es simplemente una biografía sobre Moctezuma, y va más allá de un homenaje a sus películas: es un viaje por los recovecos de la identidad sexual, de las oscuridades del ser humano, de la locura, de la obsesión y del cine como forma de vida. De esto y la producción platicamos de manera virtual con su director, Ulises Guzmán.

¿Cómo comienza a formarse “Alucardos”?

Yo estaba mostrando pelis mías en el “Festival Macabro” de México. Al final, como es común, platicas con las personas que se te acercan. Así transcurría todo hasta que se me acercó Manolo, quién como ves en el documental tiene un físico muy desconcertante. También iba Lalo Casares. Formaban una pareja extraña. El caso es que de buenas a primeras Manolo me comenta: “Tenemos películas de Juan López Moctezuma”. No se me ocurrió otra cosa más que decirles “qué bien”. Hubo un silencio raro, y me alejé atendiendo a otras personas. Más tarde en el coctel se acercaron nuevamente. Manolo insistió con lo mismo, sólo que ahora añadió: “en 35milímetros”. Eso llamó mi atención. Le pregunte que cómo las habían conseguido, que si eran familiares de Juan López Moctezuma o qué. Acto seguido, durante una hora más o menos, me soltaron toda la historia. En ese momento se acabó la fiesta para mí y comenzó el documental. Me imaginé todo. Desde ahí quedé enganchado, obsesionado con la historia.

En un principio pensé en hacer la película como algo ficcional, pero tiempo después decidí que tenía que ser narrada con las armas del documental; precisamente porque era una historia cierta, real. Haberla hecho de otra manera hubiera menoscabado ese momento insólito de cuando esas tres personas se reúnen. Te diría que yo no busqué esta historia, ella me buscó a mí; y aunque ha sido muy fuerte el viaje me siento muy afortunado de que me encontrara.

¿Qué dificultades te encontraste al levantar el proyecto?

Es muy complicado que gente ajena a tu trabajo crea en tus proyectos. En México no hay una industria que sustente la profesión del cineasta. Casi todos los proyectos cinematográficos son aventuras individuales o de grupo. Así que o emprendes el proyecto con tus fuerzas o te quedas sentado en tu casa esperando algo que no va a suceder: que alguien llegue a descubrir tu talento. Por lo anterior, decidimos hacerla con nuestros propios medios. Junto con Edna Campos, quien dirige el “Festival Internacional de cine de horror, Macabro”, nos lanzamos a la guerrillera. Fue una jugada realmente audaz y hoy considero, acertada. Comenzamos con lo que teníamos, Utilizamos una cámara minidvd, pedimos ayuda de amigos y alumnos; es por eso que algunos registros son muy básicos, pero ayudan a la estética de la peli. La cosa es que, primero hicimos el registro de todas las entrevistas y testimonios, juntamos todo el material de imagen stock, hasta llegar a un punto en que ya no podíamos avanzar más por cuestiones económicas.

Comenzamos a aplicar en concursos de becas o de producción. Nos encontramos con una barrera muy fuerte: los documentalistas, no creían en que la historia fuera cierta, nos decían que era una ficción y los ficcionistas nos decían que aplicáramos en certámenes de documental. Era muy frustrante. Claro, nosotros no parábamos de investigar y grabar entrevistas. Así paso un rato, hasta que encontramos a Don Eduardo Moreno (productor de Alucarda), al cual habían visitado en su momento Manolo y Lalo, por eso sabía que la historia era cierta y nos ayudó a echar adelante el proyecto. Grabamos lo que restaba, pero nuevamente paramos por qué no teníamos fondos para concluir la post producción. Luego, gracias al IMCINE logramos terminarla.

¿Parece ser que el fantasma de Alucarda, esa parte femenina oscura, permea a todos los personajes por igual?

Sí, ese tema lo descubrí muy al final del proceso. Es decir, tenía frente a mí a tres personajes que buscaban la feminidad: Manolo la propia dentro de sí; Lalo a su madre muerta; y Juan López Moctezuma tenía ese gusto por las féminas, que lo llevo a lugares y situaciones muy fuertes. Todos ellos representados por ese fantasma que es Francisca y que finalmente entiendes que también es Alucarda.

¿Tu percepción de Juan López Moctezuma cambió?

Completamente. La primera vez que vi Alucarda, me impresionó su estética. Eso fue en mi infancia. Honestamente no le entendí a la historia, pero visualmente me hablaba. Además, como qué no parecía una película mexicana; vaya, incluso había sido filmada en inglés. Tiempo después vi la “Mansión de la locura” y ¡puf! hizo clic en mí. Esa sí que me gustó. A mi gusto, el guión no era lo mejor que había presenciado pero había algo hipnótico en ella: los escenarios, el universo que presentaban.

Sin embargo, no fue hasta que en el documental me encontró, en que realmente conocí la obra de Juan López Moctezuma. Cuándo emprendí la investigación del documental, partí de la premisa básica de narrar cronológicamente su filmografía y adentrarme en sus obsesiones, símbolos y temas, es decir una biopic. Sin embargo, descarté ese camino cuando supe que él era el encargado de construir una televisora mexicana en Europa. Eso me impresionó. Vivía en castillos, sus amistades eran la elite mundial de ese momento, tenía resuelta su vida, monetariamente hablando, y lo deja todo para poder seguir haciendo cine. Descubrí en él un Quijote moderno, de esa estirpe de románticos que a costa de su dinero, estatus, salud e incluso integridad física, se imponen la difícil tarea de hacer películas y contar sus historias, aún sabiendo que probablemente no serían bien recibidas de forma masiva. Es decir, encontré un espejo y me asomé en él.

¿Por la forma en que está cifrado el documental me imagino que fue difícil llevarla a festivales?

En efecto. El cine de Juan López Moctezama es más conocido en el extranjero que aquí en México. Es sintomático que el estreno de la película haya sido en el festival de cine fantástico y de terror, Sitges, en Barcelona, España, el mejor en el género de horror en el mundo. Ha corrido con gran fuerza y prolijidad en festivales de documental, de ficción y fantásticos, e incluso de animación en el mundo. De hecho en Brasil provocó un fenómeno, ya que de pronto lo solicitaron en tres festivales y en el Museo de la imagen y el sonido de aquel país. En el extranjero ha obtenido ya varios premios a mejor película y a mejor director. En México ha sido raro, Juan López Moctezuma sigue rodeado de esa aura de misterio, sigue siendo maldito. “Alucardos…” ha recorrido muchísimos festivales, muestras y ha ganado también muchos premios, pero, paradójicamente, ha desconcertado algunos de los programadores que tienen una visión realmente pobre de lo que debe de ser un documental o el cine en general. Cifran a éste a tener un triste papel de mera denuncia, pornomiseria y/o militancia panfletaria. Ni hablar, una manera muy limitada de ver un arte.

Y es que el terror es un género visto mal en México.

Algo es seguro, hay muchos prejuicios al respecto. Muchas veces con justa razón. Conozco a personas del ambiente que en su vida han visto una película de terror y mucho menos si es mexicana, pero que opinan que son muy malas. La ignorancia siempre crea prejuicios. Cabe acotar que también han existido muchos intentos fallidos, pero esos no anulan las películas pasadas o recientes buenas y reconocidas.

¿Ves un florecimiento del documental en México y en el mundo?

Estamos presenciando la democratización del lenguaje cinematográfico gracias a tecnologías más baratas. Las nuevas generaciones se están acercando de una forma realmente creativa a narrar y ver su entorno. Creo que el documental tiene mucho más perspectivas evolutivas, hablando cinematográficamente que la ficción.

¿Cuál es tu siguiente proyecto?

El 21 de diciembre del 2012 no se va a acabar el mundo, aparecerá una hermosa aurora roja en el cielo, y tal y como lo profetizaron los mayas, los muertos que fueron asesinados, regresaran al mundo para confrontar y perdonar a quienes los ejecutaron. De eso y otras cosas trata “13 Baktun”.

El documental se está presentando en las sedes alternas de la Cineteca Nacional.

Alucardos, retrato de un vampiro Dir: Ulises Guzmán /Guión: Ulises Guzmán y Edna Campos / Fotografía en CyB&N: Arturo de la Rosa /Música: Pablo Gav, Gavox y Los Cinco Latinos /Edición: Román Jiménez y Harumy Villarreal. / País: México /Año: 2011.

martes, 6 de marzo de 2012

Faraónico Bluray

Luego de que los productores cinematográficos huyeron de los mafiosos neoyorquinos y se fueran a fundar su propio imperio a los desolados valles de california, Hollywood pronto vio venir su bonanza. Los grandes estudios se consolidaron y una clase, casi celestial, se vio caminar por las calles de Los Angeles. El dinero bullía por lo que se dilapidaba el dinero, por ejemplo, en construir escenarios que luego se quemaban o le pagaban una suite de lujo a un perro; como sucedió con el primer Rintintin.

Aquel despilfarro pronto cobró la factura; con la llegada de la televisión los estudios vieron disminuidos sus ingresos y varios cayeron en la bancarrota. La Fox quiso salir de una racha negativa y pensó que lo mejor para capitalizarse era hacer el remake de una película de éxito. Sin embargo, desde un principio comenzaron los problemas.

Pensaron que Cleopatra, filmada en los treintas por el recordado Cecil B. DeMille, sería el producto idóneo para hacerse de fondos. Con un total desatino contrataron al chambista y conflictivo director Rouben Mamoulian; que ya había sido despedido en dos ocasiones en otras producciones (y curiosamente, reemplazado por Otto Preminger). Mamoulian hizo de las suyas: primero discutió lo más que pudo para imponer a la actriz negra Dorothy Dandridge (quien moriría al poco tiempo) para el papel principal, pero el estudio acabó contratando a Elizabeth Taylor; a la postre, una decisión acertada.

El inicio del rodaje ya fue conflictivo, pero nadie se imaginaba que después se volvería peor. Mamoulian comenzó con un presupuesto de dos millones de dólares de entonces y acabo gastando cinco en un material que tuvo que ser desechado ya que por los retrasos los actores masculinos, Peter Finch y Stephen Boyd, se fueron a otras producciones.

El estudio, harto de los desplantes, el despilfarro y necedades del armenio, lo despidió y acabó contratando a Joseph L. Mankiewicz, quien llevaba una muy buena racha de nominaciones y premios en los óscares. Su exitoso Julio Cesar, con Marlon Brando, fue lo que convenció a la Fox de llamarlo.

Elizabeth Taylor, la diva del momento, había logrado un salario record de un millón de dólares para participar en la película; lo más alto ganado hasta ese entonces por una mujer. Record que se mantuvo hasta hace unos años. El sueldo de Taylor se elevó hasta los 7 millones, ya que su contrato incluía una cláusula en donde cobraba 50,000 dólares por cada semana adicional.

Con la llegada del experimentado Mankiewicz se incorporaron al rodaje Richard Burton y Rex Harrison. Todo parecía ir bien hasta que Elizabeth Taylor se enfermó, al grado de tener que realizarle una traqueotromía en el plató. Debido a esto, la filmación en Inglaterra se canceló. La prensa ya hablaba del complicado rodaje, de la supuesta maldición de Cleopatra o del propio DeMille y claro, del romance de Taylor y Burton. Con ese hándicap, la Fox decidió recomenzar el rodaje dándole libertad creativa a Mankiewicz y empezando prácticamente de cero en Roma.

El director reescribió el guión y comenzó lo que sería una de las más grandes y complicadas filmaciones de la historia. Hollywood, embelesado con lo apoteósico y pantagruélico vio construir los decorados de John DeCuir sin escatimar un solo dólar, a pesar de que ya habían sido hechos en Londres, o los vestidos de Taylor, tejidos en oro.

Desde un principio el estudio y el director tuvieron visones diferentes. Mankiewicz vio en Cleopatra la gran película que lo consagraría y no una simple cinta para recibir ganancias rápidas. El director comenzó a rodar sin parar con altos estándares. Solo la escena de entrada, donde un viejo Julio Cesar ve un campo de esclavos, llevo varios días; pero fueron casi 6 meses la escena donde parece por primera vez Cleopatra, ya que el fotógrafo, un detallista Leon Shamroy, esperaba la luz perfecta.

Catorce meses después Cleopatra estaba terminada, en medio de las presiones presupuestarias y de miles de historias en la prensa. El director, al ver la cantidad de material filmado pensó en dividirla en dos partes de tres horas cada una. El estudio emitió un rotundo no. Enojados, los productores, corrieron a Joseph L. Mankiewicz, para contratarlo poco después ya que no podían lograr un montaje coherente.

A fin de cuentas, la cinta, acabo con la friolera de casi cuatro horas de duración, a pesar de las quejas del director, que veía mutilada su gran obra. Más tarde sería recortada a tres, para que pudiera tener mejor distribución comercial. La crítica se ensañó con ella, pero tuvo un gran éxito de público, a pesar de la duración. Aunque no pudo recuperar rápidamente los 44 millones que costó.

Ahora, a casi 50 años de su estreno, tenemos la oportunidad de verla en Bluray y en todo su esplendor. Y no solamente en cinemascope, como fue filmada de origen, sino con extras. Será increíble poder recorrer aquel Egipto antiguo y ver de cerca los ojos violetas de Elizabeth Taylor.