miércoles, 25 de julio de 2012

Crónica de un subempleado 2


Comienzo este diario justo en la parte final del dichoso “documento” que todos los días entrego antes de que el reloj dé las seis de la mañana. Soy Iván Farías, soy escorpión y Dragón de agua. Para lo que sirva la información, que entrados ya en materia, sirve lo mismo que poner ganador de tal o publicado en tal.
Soy escritor pero de notas informativas. Desde hace dos meses trabajo como obrero informático en una empresa que tiene un nombre en inglés. El conmutador, cuando intento marcar y preguntar por el día de pago, me responde con voz engolada: “Intermidia”, así, con esa pronunciación. Acto seguido me pregunta por la extensión, mi determinación acaba justo ahí. Entonces, espero pacientemente a que a mi correo llegue la notificación de que mi dinero ha sido depositado.
Trabajo de noche. Mi compañera nocturna es una adolescente muy responsable que tiene problemas para conseguirse un novio medianamente interesante. Aquí piensan que tengo la misma edad que todos, entre 21 o 28, no porque los aparente, (las canas en mi barba ya acusan mis 35), sino porque el promedio de explotación es de menores de 30. Así que prefieren pensar que soy un par a un adulto en un trabajo jodido de recién salido de la carrera.
Volviendo a lo de mi compañera. Ella es como una especie de referente de todo lo que es nuevo para mí. Poco a poco voy haciéndome de manías y regreso a las mismas 15 canciones de siempre. Así que ella, en su silencio salpicado de risas y comentarios sobre los grupos que escuchamos me va poniendo al día.
El resto de los compañeros (o "chicos”, como insisten en "regresionarnos” a etapas infantiloides), son en realidad estrellas televisivas fallidas. En especial un par de mujeres nalgonas que se sientan juntas y que nunca hacen el menor intento de saludarnos.
Es cierto, nuestro estado es lamentable cuando ellas llegan. Nosotros checamos entrada a las diez de la noche y ellas hacen su arribo frescas, bañadas y perfumadas al filo de las cinco de la mañana. Vienen muy bien dormidas. Nosotros estamos jodidos, con el culo adolorido, con la espalda pidiendo perdón por las horas nalgas desperdiciadas frente a la computadora.
Las mujeres, una rubia y otra morena, llegan con sus vestidos fashion, comprados en las rebajas y nosotros mostramos nuestras enormes ojeras con todo orgullo.
Hace no mucho una menuda adolescente, de cabello muy lacio y negro, nos pidió nuestra opinión sobre unas fotografías de su facebook para enviarlas a un casting.
En todas hacía las poses trendi de los pubertos de este inicio del siglo XXI: lengua salida, foto en el baño con el celular, rostros inocente y sensual a la vez. Señalé un par y luego continué leyendo sobre las declaraciones diarias de los candidatos.
Pero terminemos por hoy. En diez minutos checaré y me iré a dormir tranquilamente. 

Un poco de caos

En el The New York Times de enero de 2008, Jack Nicholson declaró que le había advertido a Heath Ledger sobre lo peligroso que era interpretar al Joker. De forma críptica, explicó que él había tenido que utilizar antidepresivos y terapia para salir del papel. “Bueno, se lo advertí”, dijo con su cara cínica sin mostrar un poco de compasión por el compañero caído.
Ledger había sido un actor que había obtenido algunos roles interesantes, incluso algunos francamente inocuos que él había sabido elevar, como sucedió con Corazón de Caballero. Su consagración vino con el papel de Joker en la película (ahora de culto) Dark Knight. Su interpretación era magistral y a pesar de que el fandom había dudado de su capacidad para representar al Príncipe payaso del crimen, se ganó a todos.
Tal parece que la encarnación de Heath Ledger afectó a más de uno. Batman encarna la política liberal de Estados Unidos: cree en la democracia, en el sistema de justicia y en las instituciones, como la policía y los servicios, pero no tiene ningún tipo de empacho en quebrar las leyes para aplicar su justicia. De la misma manera que los marines pueden invadir países para realizarla. Bombas inteligentes, aviones espías y demás parafernalia tecnológica.
La propuesta del Joker es el Caos, lo cual se contrapone con la idea del orden y el progreso de las democracias occidentales modernas. El ofrecimiento del Payaso cala hondo en los menos favorecidos por una sociedad inmersa en el individualismo radical, abanderado por el neoliberalismo. A ellos se les exige el éxito a costa de lo que sea. Los no aceptados en la sociedad blanca, triunfadora, vital, recurren al ensimismamiento. Por eso cuando el Joker dice: “lo que no te mata te hace más extraño”. Los extraños, los weirds, los outsiders, los losers, acatan el llamado del Caos.
“Introduce un poco de anarquía, altera el orden establecido y todo se volverá caos. Soy un agente del caos”, le dice Joker al fiscal de distrito. El deseo del payaso es reventarlo todo. Entonces oficinistas, genios y demás gente frustrada ve en esa petición la única manera de ser parte de algo.

jueves, 5 de julio de 2012

Los días con Mona, de Joserra Ortiz.


Desde hace algún tiempo Tierra Adentro comenzó a publicar libros con temas alejados del realismo que inunda las estanterías de literatura mexicana. Parece ser que la ciencia ficción, la fantasía y la novela negra no están a la altura de las grandes obras de las letras mexicanas, que si alguien escribe algo por el estilo queda de inmediato destinado a la ignominia y al ninguneo.
            Pero si así lo hiciéramos escritores como Carlos Fuentes o Juan Rulfo quedarían fuera. Si los muertos hablan y habitan un pueblo podríamos hablar de una novela de fantasmas, pero si el pueblo se llama Comala, entonces no lo es. Todo esto queda enclavado dentro de la poca visión de miras de los críticos y escritores mexicanos que desean instalarse en el canon y no moverse de él. Claro que esto ha cambiado. Pienso que mucho gracias a la labor de Paco Ignacio Taibo II que con la invención del neopoliciaco, además de una oleada de "taibitos", trajo una apertura en las editoriales y una revalorización de antiguos escritores mexicanos. Y los muchos que desde sus estados han seguido alimentando su gusto por los llamados subgéneros. De Mexicali a Yucatán, de Monterrey a Morelia.
            Tierra Adentro ha publicado: "Asesinato en una lavandería china" de Juan José Rodríguez, "El llanto de los niños muertos" de Bernardo Fernández BEF, "Todo sucede bajo el agua" de Rodolfo JM, "Gente del mundo", de Alberto Chimal entre otros. El resto, tienen que dedicarse a publicar o autopublicarse en editoriales pequeñas y de poca difusión, razón por la cual muchos han tenido que congregarse para poder hacer fuerza.
            El libro que nos ocupa es de Joserra Ortiz quién es académico, escritor y promotor cultural, creador de "Las Jornadas de Astronautas y detectives". Viene de esa tierra que no es ni sur ni norte, ni centro: San Luis Potosí, pero pertenece a las ediciones de Bruguera de los setenta, a las de Martínez Roca de los ochenta y esas librerías de viejo donde localizas joyas empolvadas.
            El libro de Joserra Ortiz, “Los días con Mona” es un recorrido a vuelo de pájaro  por diferentes géneros en esta clasificación. El primero y que le da nombre al volumen es un cuento siniestro, que no de terror, sobre zombis. Y como en toda buena historia de este tipo, no importan tanto los no muertos, sino las relaciones humanas que se tejen entre los sobrevivientes. El protagonista vive una relación un tanto platónica con una chica muy cercana a la protagonista del comic "Nancy in the Hell". La chica es  dura y sexy y  todo el tiempo está cuestionándose entre dejarse matar o no. El personaje masculino pare ser que se mantiene vivo por esta relación equivoca entre ellos. El mundo como lo conocían ha quedado atrás y su realidad los consume. Viven al día y no ven forma de salir de él. Cosa que me recuerda mucho al mundo neoliberal en que vivimos donde hordas de consumidores abarrotan los centros comerciales. Jóvenes que viven el presente porque el futuro es apenas una promesa trémula.
            El libro está dividió en dos, en la primera parte viene los cuentos más cercanos a la ciencia ficción o esa híbrido que a últimas fechas ha creando algunos narradores gringos, que va de una sardónica versión de la realidad con un personaje que parece provenir de la locura humana: ya sea un ex combatiente de Vietnam, un escritor laureado que va a dar a un país que existe y no, como Yugoslavia, o un científico que habla como traducción de Anagrama.
            La segunda parte contiene tres cuentos en la tradición policiaca mexicana. Narco mofletudos con nombres cagados y hundidos en al jodides de bares y pueblos polvorientos.
            Joserra es ameno, ágil y el libro se va en suspiro. Su prosa es clara directa y tiene muchos espectros. Sus personajes con humanos, tan humanos que un capo puede ceder ante sus pasiones carnales para enfrentarlas años después mientras cae o el simple asesinato del sicario de tu hermano por una paga considerable.
            "Los días con Mona" se inscribe en esas joyitas que da a conocer Tierra Adentro  y que desafían el canon del realismo en la literatura.