jueves, 13 de diciembre de 2012

Los cinco mejores libros del 2012


Todos hacen sus listas de lo mejor del año. En mi caso es lo que a mi parecer es lo mejor de lo que he leído durante este año. A fin de cuentas hacer una lista de “lo mejor de…” me parece tan totalmente subjetivo y inútil como enlistar las 13 mejores escenas de terror de los noventa o los 10 mejores balazos en la historia del western. Mi lista se reduce a los libros editados en México y que por diferentes razones he podido tener acceso a ellos. Sea pues, acá mi lista y las breves razones por las cuales están incluidos los títulos:





5.-Chinola Kid de Hilario Peña. Pocos escritores en México abandonan la solemnidad de la literatura mexicana que debe hablar siempre de “los grandes temas” y forjar frases que puedan ser repetidas por otros de sus colegas. Peña desde “Malasuerte en Tijuana” aceptó el reto de recurrir a los géneros y otorgarles suficiente calidad como para servir como literatura de disfrute y como relato de costumbres de una sociedad hundida en el narco. Chinola Kid tiene ese aire de western al estilo Libro Vaquero (la portada es un guiño evidente) pero también es un homenaje a las películas de mexplotacion de los Almada.





4.-Autos usados de Daniel Espartaco Sánchez. Espartaco tiene un mundo muy particular, muy del norte pero sin caer en el pastiche postmoderno. Su humor satírico expresado en las redes sociales da paso en su literatura a uno menos agresivo pero más evocador. La juventud de un joven chihuahense narrada en su primera novela recuerda a las melancólicas situaciones de un Cormac McCarthy en Unos caballos muy lindos. Sánchez te hace recordar cosas que nunca habías vivido.




3.- El Hijo de Mister Playa de Mónica Maristain. Este libro es un esfuerzo periodístico por acercarnos a un Roberto Bolaño alejado del culto que se ha creado alrededor de su persona y que se acrecentó con su deceso. Maristain, veterana periodista argentina afincada en México, nos brinda una visión total del personaje llamado Bolaño, con sus ocurrencias, sus chistes, su tabaquismo y sus poses gamberras. Incluye entrevistas o declaraciones tanto de amigos como de personas que simpatizan poco con la obra del chileno. Por las páginas del libro se puede escuchar lo mismo a Rodrigo Fresán que con su acostumbrado desenfado nos cuenta la terrible paella que cocinaba Bolaño, a una muy enojada Isabel allende, con la que llevó una amarga relación ya que la llamó “simple escribidora”.



2.-El Sinaloa de Guillermo Rubio. La historia es sencilla. Un sicario que trabaja de policía federal es contratado por un cartel en Monterrey para vengar una afrenta. Es principio de los dosmiles y los zetas apenas van avanzando por el territorio. Todavía la lucha entre los narcos rurales y los militarizados Z todavía no ha cobrado tantas víctimas. El aporte de Rubio no es una prosa preciosista pero si efectiva; lo que verdaderamente diferencia su literatura del resto de la llamada narconovela es que conoce de primera mano los usos y costumbres de “la maña” lo que da un punto de verosimilitud y cinismo que aunado a su humor gandalla lo hermana con gente como Edward Bunker, Chester Himes o Jörg Fauser. La portada, claro, es pésima.




1.-La Torre y el Jardín de Alberto Chimal.  Si hay un escritor fiel a sí mismo, que trabaje sin parar, que se tome muy en serio su trabajo sin la solemnidad de otros es Alberto Chimal. En su más reciente novela crea una historia desconcertante que abreva lo mismo de la ciencia ficción, del cuento fantástico latinoamericano y de sus propias obsesiones. Chimal se las arregla para contar la historia de un particular burdel en el que el plato principal son los animales y la caprichosa construcción en la que está enclavada. Contar la anécdota no serviría de nada porque la sensación que produce al ir avanzando en sus muchas páginas es simplemente indescriptible.





Bonus: Arte & Basura de Mario Santiago Papasquiaro y Luis Felipe Fabre. No hay mejor manera de acabar con un mito privado que apropiarse de él y hacerlo público. Con esta recopilación ideada por Fabre y diseñada por Alejandro Magallanes se da fin a la casi privatización de un poeta que rehuía de toda clasificación y que al paso de los años se fue volviendo más inasible. Recomendado tanto para los que no lo conocen que para los que sí lo conocen.

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