jueves, 12 de diciembre de 2013

Los diez mejores libros del 2013 (que he leído)


Si hacen cuentas un buen lector puede  dar cuenta de unos 52 libros al año. Un lector voraz una media de 90. Y ni así uno puede estar al tanto de las novedades de la industria editorial año con año. La siguiente es una lista de lo que llegó a mí y me gustó.

1.-Falsa liebre. (Fernanda Melchor)
Novela debut de Fernanda Melchor. Varios esperábamos mucho de ella y lo cumplió a cabalidad. Es oscuridad ubicada en un sitio alejado de la urbe chilanga y el polvoriento norte.
2.-En medio de Extrañas víctimas. (Daniel Saldaña París)
Otra primer novela. La historia me cautivo desde que escuchó los monólogos en la presentación de la misma. Acidez, malaleche y una mirada  profunda como han ido cambiando las generaciones.
3.- Tardarás un rato en morir (Imanol Caneyada)
Un thriller político y negro armado de manera que no puedes soltar. Personajes muy bien creados en un lugar tan frío y desolado como el alma humana.
4.-Cuello blanco (Bernardo Fernández BEF)
No había leído a BEF. Con Hielo negro me llev{o a su grey y Cuello blanco solo me convenció de que soy un prejucioso y que por esos mismo  prejuicios me he perdido de buenos libros.
5.-Matar (Carlos Sánchez)
Crudeza, habilidad en el lenguaje y un trabajo de campo que pocos harían. Matar es un libro de relatos polifónicos muy bueno.
6.-Pornocultura (Naief Yehya)
Soy seguidor de Naief desde hace años y en este nuevo libro aborda la influencia de la violencia y la transgresión en nuestra vida cotidiana.
7.-Confesiones de un vicioso (Orlando Cruzcamarillo)
Crónica callejera, humor y un poco de autobiografía. Camarillo nos entrega un muy buen  libro editado mal por la peje universidad de la Ciudad de México que lo condena a una pésima distribución. Ojalá llegue la reedición.
8.- La ternura caníbal (Enrique Serna)
Luego del resbalón del Orgasmógrafo Serna regresa con todo.
9.- Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateur (Miguel cane)
La respuesta inteligente a todos aquellos que creen que el cine nació hace 20 años.
10.- Fila india. (Antonio Ortuño)
Nunca había leído a Antonio Ortuño más que en sus columnas claro, pero nada de narrativa. Me sorprendió. Mucho humor, una tensión creciente y un buen manejo del lenguaje. 


Tres que no fueron editados este año pero que vale la pena mencionar.
1.-Dura la lluvia que cae
La primera novela de Don Carpenter  (1935-1995) que hace un recorrido épico por el white trash, el sistema carcelario y lo que significa nacer jodido en la mayor economía del mundo.
2.-Homicidio
La novela de no ficción de David Simon que le costó años de trabajo en las calles y que a la postre lo llevaría crear The Wire.
3.- Un paseo por el lado salvaje (Nelson Algren)
Como su nombre lo dice, salvaje. Novela de iniciación, con una prosa magnífica y un bello retrato de la decadencia.  


martes, 12 de noviembre de 2013

Intervenciones telefónicas

En series el actual debate es sobre los que piensan que Breaking bad es la mejor historia de todos los tiempos o por el contrario, quienes creen que lo fue The sopranos. Es innegable que la primera tuvo un mayor público y mayor repercusión por tratarse de un canal de pago pero no restringido, y la segunda, al contar con más temporadas y ser la primera que diera la campanada en el ahora famoso HBO.
Sin embargo, si de mi opinión se tratase, The Wire estaría en mi terna y ganaría de calle. "Que se joda el espectador medio", dijo David Simon, su creador un reportero de la fuente policiaca en Baltimore, y a eso le apostó. Simon ideo una serie donde “las escuchas telefónicas” fueran el hilo conductor de una serie que fuera “más que una serie de policías”, como afirmó el propio experiodista. The Wire pasó de noche para ese espectador medio. Hoy a cinco de la emisión de su último capítulo la serie es difícil de conseguir y pocos hablan de ella, pero los que lo hacen saben que su visionado proporciona un antes y un después.
The Wire comienza lenta, no hay gran acción los primeros cinco capítulos. Es hasta este momento que uno ya conoce a todo el reparto, a la manera de las novelas rusas, los personajes son numerosos y perfectamente bien armados. Pero detrás de ellos siempre hay algo más, vida, realidad. De todo eso nos habla uno de sus guionistas, Rafael Alvarez (así, sin acento) quien publicó un libro de más de seiscientas páginas, recién traducido al español por El principal de los libros, que le da más a los sedientos fans de la serie.

Alvarez, quien escribiera unos capítulos pero que estuviera detrás de la serie principalmente en la segunda temporada que trata sobre los astilleros de Baltimore, el mismo lugar donde su abuelo marinero descendiera de un barco procediente de Vigo, España para quedarse. Su libro es una guía pormenorizada capítulo a capítulo sobre lo que sucede en la serie y sobre lo que la inspiró. Entonces uno va enterándose de como David Simon tuvo que escribir una carta la dirección de HBO para que la serie tuviera luz verde sin ningún tipo de restricción (la carta se reproduce íntegra), sabrá que muchos de los personajes que aparecen a cuadro lo único que hacían era representarse a si mismos, que el verdadero Avon Barksdale cuando salió de la cárcel tuvo una reunión privada con Simon y Alvarez, y muchos otros datos más que lo que hacen es ampliar mucho más el mundo narrado en The Wire.

Corpóreo y adictivo

"La conversación es la imagen del espíritu.
Según es el hombre, así es su charla."
Publio Sirio
Siempre he visto a Godofredo como un coleccionista compulsivo. Bueno, como un coleccionista a secas porque los que coleccionamos somos compulsivos. Sé que el gusto por acumular es mutuo cuando recuerdo algunas de sus charlas donde me cuenta sobre autores, ediciones, empastados, cuando me recomienda libros que no pensé que estuvieran en su campo de acción, de la necesidad de más espacio para acomodar sus volúmenes me queda la certeza que disfruta con la literatura.  “De pies a cabeza” es el resultado de este vicio por acumular algo que es intangible, maleable y de alguna manera lleno de gozo: el conocimiento.
            “De pies a Cabeza”, su más reciente libro es como tomar un tour hacia lo que puede ser una charla con Godofredo. Las charlas que él y yo hemos tenido han sido siempre caminando o en un viaje; entonces para honrar este hecho comencé a leer su libro en  los traslados en autobuses, mientras subí y baja del metro, o desafiaba las leyes de la gravedad en los enfrenones del transporte público y las asfixia en las horas pico.Eso sí, no podía parar de leerlo.
            ¿De qué habla el libro de marras? del cuerpo humano en una primera instancia, pero en realidad habla de muchas cosas: de la espalda de Jack London y los crímenes bestiales del Silencio de los inocentes; de las lágrimas de Oliverio Girondo y los pequeños pies de las chinas anteriores a la revolución cultural; de la griega clásica y su culto a la  homosexualidad; de los aztecas y sus peculiar gastronomía. Insisto, el libro es como charlar como con Godofredo. Recuerdo alguna vez que hablábamos sobre lo costosos de los libros de Acantilado y que posteriormente pasamos a George Simenon y sus novelas negras, luego a la obsesión por las mujeres de Simenon, para acabar con el cuento fantástico. “De pies a cabeza” sigue una lógica menos explosiva. Se ciñe al cuerpo humano y lo disecciona parte por parte, secreción por secreción, se pone erótico con el pubis y místico con las uñas.

            Ya se había encaminado en un proyecto así con su festejada columna Brujulario del extinto diario Siglo XXI, donde una simple palabra daba para hablar sobre ella y discurrir sobre la cultura occidental y su devenir. A mí estos temas me sorprenden. Hijo de la televisión a fin de cuentas, siempre me rindo ante un conversador que tiene una cultura tan vasta y que la muestra sin pedantería, sin rebusques, con el simple ánimo gozar con ella.

domingo, 27 de octubre de 2013

Halloween 35 años después

Fue en un duro otoño de 1985, si no mal recuerdo, que mediante una videocasetera instalada en un antiguo cuarto con techo de lámina que la casa paterna se convirtió en una sala de cine. En ese ingenio, previamente conectado a una enorme y estorbosa televisión de torreta, fue la primera vez que pude ver a ese ente sin rostro llamado Michael Mayers en Halloween.
            La cinta estrenada el 25 Octubre de 1978 en Estados Unidos y que no pudo ser vista hasta diciembre del siguiente año en nuestro país, fue un pedido expreso del productor Moustapha Akkad a John Carpenter. El libanés le dijo que quería una película de un asesino de niñeras. El norteamericano se puso manos a la obra y comenzó a desarrollar un guion que acabaría dirigiendo y musicalizando –para abatir costos—  acompañado de su entonces esposa, Debra Hill y un grupo de amigos.
            Su película retomaría la entonces reciente moda de los asesinos enmascarados provenientes del cine de terror italiano. Carpenter dotaría de una máscara pálida, proveniente de una del Capitán Kirk a la que solo le pasarían pintura en aerosol, a su personaje. Lo interesante de este psicópata era que personificaba la maldad. En una de las posteriores versiones, se agregarían algunos minutos donde el doctor Loomis aseguraba que Mayers no debería de estar bajo mínima precaución porque él estaba lleno de maldad. Al escapar, el niño asesino le daría la razón llenando de cadáveres al tranquilo pueblo bibicletero de Haddonfield.
            Halloween vería una serie de secuelas que dejarían mucho que desear. Solamente la segunda parte continuación, que inicia justo después de donde termina la original, vendría a estar a la altura. Pese a que el reinicio de Rob Zombie, en su faceta de director pudo lograr el impacto de la original. Una de mis críticas es que brinda demasiada información e la infancia de Mayers eliminando de tajo la idea de que fuera simplemente la maldad encarnada.

            Ahora, 35 años después Halloween produce menos miedo pero igual fascinación.

Transgresión y deseo

La pornografía tiene como motivo principal motivo transgredir, más allá de su efecto excitador, la porno debe de contravenir las convenciones sociales para ser; por lo cual “es importante que los dominios del porno sigan siendo prohibidos.” Eso afirma Naief Yehya en su más reciente libro “Pornocultura”. Si bien antes ya había ahondado sobre el fenómeno en su anterior trabajo,  “Pornografía, Obsesión sexual y tecnología”, es en este que reflexiona sobre cómo lo antes prohibido, lo escondido, nos ha tomado por sorpresa y se ha metido poco a poco en nuestra vida cotidiana.

En este extenso ensayo, Yehya hace un recorrido por aquellos primeros cómics que ayudaron a los veteranos de la Segunda Guerra a Mundial a paliar su dañada hombría ya que a su regreso las mujeres habían ocupado sus puestos de trabajo; por las películas de sexo duro filmadas en los sesenta en donde la mujer era sometida a oscuras perversiones y demás manifestaciones de la cultura popular en las que la transgresión, el buscar el límite es parte de la diversión. Y donde se adivina una hombría apaleada que intenta dar la pelea mostrando su lado violento.
Yehya deja claro que la pornografía se ha colado a través de la red, de la televisión, de la prensa en la política y en la milicia. Recapitula los sitios dedicados a mostrar los horrores de las supuestas guerras limpias de Estados Unidos contra Irak y Afganistán, que aseguraban tener objetivos quirúrgicos y sin civiles muertos. Sin embargo, también nos cuenta como dichos sitios acabaron siendo lugares en que los soldados podían burlarse de la muerte de los invadidos. Nos narra los escándalos producidos por las torturas de las cárceles y reflexiona sobre la supuesta libertad de expresión que esgrimen los grupos en internet que perpetran la agonía de los lugares invadidos.
Hace un recorrido por las ejecuciones de los extremistas islámicos y las de los narcotraficantes mexicanos que aparecen en el Blog del narco. De la misma manera nos hace entender como las “inocentes” grabaciones con los celulares inteligentes acaban convirtiéndose en la principal atracción de las pornovenganzas.

A fin de cuentas, como dice el escritor avecindado en nueva York: “La pornografía tiene que ser lo que es. No creo en la pornografía como una herramienta de liberación ni de sometimiento, es un espejo de nuestras fantasías.”

La seducción del inocente

La anécdota de William Gaines, ex director y dueño de la editorial EC Comics, es conocida por los avezados en la cultura popular norteamericana. Durante el Macartismo las libertades individuales fueron reducidas al máximo por una moral puritana que censuraba desde el trabajo hasta los hábitos de consumo. Debido al éxito de los comics de su empresa, Gaines fue llamado a tribunales para que explicara porque gustaba de “seducir al inocente” a través de sus revistas. Gaines, burlón y sarcástico como era, dijo que él sólo producía revistas de buen gusto. “¿Una mujer sin cabeza también es de buen gusto?”, le espetó el senador Kefauver. “Sí, para un cómic de terror.” Respondió cínicamente.
Los comics de la EC se volvieron un punto de referencia dentro del género y parte importante de la cultura popular norteamericana y por lo tanto de diversas partes del mundo. Muchos escritores e ilustradores aceptan como influencia las diversas revistas de la Entertaining Comics, Tales from the Crypt (Historias de la cripta), The Vault of Horror (La bóveda de los horrores) y The Haunt of Fear (El refugio del miedo). El libro “The Horror, the Horror, Comic books the government didn`t want you to read!”,  reúne por primera vez varias de estas señeras historietas dándoles un orden temático y profundizado en las razones de sus creadores.
Jim Trombetta, el autor del libro, nos explica como una editorial que ilustraba historias de la Biblia cambio a contar a historias de humor negro que implicaban cadáveres vivientes, seres del espacio, gánsteres de poca monta y como el advenimiento de la moralidad gubernamental hicieron esta empresa tuviera que cambiar nuevamente de giro.

Trombetta explica acuciosamente cuales eran los miedos del americano promedio de aquellos tiempos al rescatar del olvido sendas historietas en los que se revelan. Por ejemplo, la familia nuclear ideal es azotada por un casero poco común que se alimenta de la sangre de sus inquilinos. El tema de la decapitación, miedo que perseguía a los veteranos de guerra, es una y otra vez tocada de muchas formas, como muerte atroz y descarnada. El miedo comunista es retratado metafóricamente por una especie de extraterrestres que son capaces de tomar la voluntad de los seres humanos.

El libro contiene las historietas reproducidas fielmente, cientos de portadas y como extra un DVD con el programa que comenzó la persecución a Gaines y demás historietistas, “La Seducción del inocente”.

La locura de la quietud

Antes la provincia era vista como el lugar alejado de la locura y de la perdición de la gran ciudad. La bucólica provincia mexicana era vista como un regreso al origen y a lo mejor del ser humano. En la novela de Daniel Saldaña Paris, En medio de Extrañas víctimas, el interior de la república, el pueblo idealizado deja de serlo para convertirse en refugio de los locos, de los exiliados, de esos que no tuvieron pase para un lugar mejor. Rodrigo, el obsesivo y pertinaz monologuista con el que abre la historia, decide escapar de sus deberes refugiándose en Los Girasoles; indefinido sitio en el bajío, rodeado de pueblos azotados por el narco.
            Al mismo tiempo Marcelo Valente, un dicharachero y enamoradizo académico español es conducido por el azar a compartir espacio con un enfebrecido burócrata universitario que lo llevará a conocer la más enloquecido teoría de la que será partícipe. En tercer plano, pero no menos importante, Richard Foret, el boxeador, poeta e intenso amante francés, aparecerá como un fantasma recurrente que hilará la historia.
            Saldaña París se las ingenia para marcar en dos formas narrativas, tres diálogos y con una inteligencia notable, las diferencias entre tres generaciones y su visión del mundo. Por una parte está el violento e impulsivo Foret, que encarna la fiereza de los hombres que iniciaban el siglo XX, la valentía del saberse exploradores en un tiempo que abría miles de posibilidades. Por otro lado Marcelo Valente, hombre que no ha perdido la esperanza y que ve en el sexo casual la mejor manera de fraternizar con las mujeres, que sigue teniendo empuje e ideales y que conserva el candor de años mejores. Por último el nihilismo y pereza de Rodrigo, quien nació en un tiempo en el que al presionar un “enter” el mundo se abría a su gusto.
            Cada uno de ellos obtiene lo que busca. Foret una vida llena de peligros, de constantes huidas y de amores intensos; Valente viajes a lugares románticos (no en el sentido cursi del término), y de amores breves. Rodrigo una gallina en un lote baldío y una excelsa colección de tés colgados en la pared.

            Saldaña se revela como un novelista que llena de humor el patetismo de sus personajes, que se burla del mundo que le toca ver y que ofrece una historia que no se va por la resolución fácil sino que construye un mundo y nos lo ofrece.

viernes, 18 de octubre de 2013

Una película de...

Siempre que pienso en un director de cine hago el símil con un jefe de cocina. Ambos tienen bajo su responsabilidad un equipo, deben de tener un alto grado de mando, mucho orden y una pericia desmedida para administrar recursos. No por nada cuando un buen menú llega a las mesas quien recibe las felicitaciones es el chef, en representación de todo su equipo.
            En una película pasa algo similar, el guionista, el camarógrafo y los actores hacen todo lo posible por cumplir con su trabajo pero quien orquesta todos los esfuerzos es el director. O cuando menos eso pasa en una cinta de autor. El director impone su visión y eso se nota en toda su obra, no importa que dirija una cinta de misterio o un melodrama. Michael Haneke, por ejemplo, ha realizado su trabajo en diferentes países y con varios registros pero su visión pesimista ha sido siempre la misma. A esta firma se puede unir la de un Kubrick, un Guillermo del Toro o un Polansky. Ellos trabajan o trabajaron con diferentes elencos, diferentes países, presupuestos pero plasmando siempre una particular forma de abordar el cine.
            Este razonamiento lo hicieron hace ya bastantes años unos, en ese entonces, nóveles cineastas en la prestigiosa Cahiers du Cinéma. Godard, Truffaut, Resnais y Chabrol concluyeron que pese a trabajar en la industria norteamericana Hitchocock y otros autores imprimían su firma en todas sus obras; razón por la cual decían debían contar con la leyenda: “una película de…” para hacerlas suyas.
            Esto ha perdido su valor. Ahora cualquier incipiente director que acaba de terminar su primer obra, incluso su primer cortometraje, se evanece escribiendo en los créditos de inicio: “una película de fulano de tal”. Incluso, directores tan desiguales como Gore Verbinski se han atrevido a eso.

            Siguiendo el símil gastronómico, que cualquiera de los chambistas habituales diga que tal producto es suyo, es como si el cocinero de la cadena de hamburguesas esperara los aplausos de los comensales cuando nos entregara nuestro combo con papas.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Repaso rápido al Feratum

El Feratum es uno de los festivales de terror que actualmente campean por el gusto de los fans alrededor del país. José Mujica Marins, Xe Do Caixao, comentó en su conferencia de prensa que “cuando un país va mal, el cine de terror va bien”. Lo cual no es extraño en el nuestro, ya que mientras se llena de cadáveres, reformas poco populares y destrozos ecológicos, los festivales de género comienzan a cundir, no así una producción cinematográfica que iguale a la de otros países.
Actualmente contamos con varios: Macabro, el primero y el más consolidado; Mórbido, con severos problemas financieros luego de su cambio de sede; Horros Fest que más que un festival es un vil mercado que cobra 250 pesos por un autógrafo y 200 por una foto; además de pequeños como Post mortem en Aguascalientes, Aurora en Guanajuato, entre otros.
Miguel Marín Colín director de Feratum desea consolidar en Tlalpujhua su proyecto y hacerlo como la respuesta mexicana a Sitges. Pese a las evidentes fallas de organización, el festival acabó con saldo positivo. Apenas llegamos, los problemas comenzaron con las acreditaciones y los hoteles. Sin embargo, el pueblo de inmediato llamaba a relajarse, a dejarse conducir. A unas pocas calles del Museo Rayón descendía de una camioneta la leyenda del cine brasileño, José Mujica Marins, quien con sus más de 70 años de edad encima conservaba esos movimientos mágicos en las manos, como de encantador y la mirada penetrante.
Al poco rato estaría con nosotros Gary Pullin, el ilustrador y portadista de Rue Morgue. Poco más tarde Rodrigo Gudiño, director y fudnador de Rue Morgue, apareció entre la concurrencia justo para la marcha de las bestias. Rue Morgue cambió la forma de ver el terror para ir más allá de la simple reseña de cintas de género y mostrarle a la gente que era toda una cultura.
El Feratum es un festival joven que necesita pulir detalles (la barra de horarios por ejemplo), pero en pocos años y con trabajo puede convertirse en referencia.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Racista, pero nada más poquito

Me acuerdo que una de las primeras cosas que aprendí cuando era niño fue que si un hombre de rasgos indígenas conducía un auto nuevo, yo debía saber que no podía ser suyo. “Seguro es el chofer o se lo robó”, completaba un familiar. Otra de las cosas que supe de inmediato es que había que casarse con una mujer blanca “para mejorar la raza”, porque hacerlo con una morena (“prieta” o “prietita”, para que suene menos feo) significaba condenar para siempre a nuestros hijos.
Eran enseñanzas sencillas que uno iba acumulando, por ejemplo, que decirle a alguien por ofensa “pinche indio” estaba bien. También que para llamar la tención de un desconocido lo mejor era decirle, “güero”. Ah, y claro, la enseñanza más importante era que en México no éramos racistas porque aquí no había negros.
Digo esto porque cuando posteé en las redes sociales el siguiente diálogo de la nueva película de Eugenio Derbez: No se admiten devoluciones, me dijeron que lo había descontextualizado, que en realidad Derbez no era racista. Este es el diálogo: “Allá vas a estar mejor que acá… Si te quedas acá en México vas a ser guapa pero chaparrita, prietita; en cambio si creces allá, no’mbre, seguro vas a ser güera de ojo azul, alta.”
Y tenían razón, Derbez no es racista, no lo es en la misma proporción que lo somos todos nosotros. Nuestra educación televisiva, contando la tv nacional y la andanada de series y películas norteamericanas que consumimos alegremente sin afán crítico, sumada a nuestra historia, nos han convertido en una sociedad tan racista que no admite serlo.
Una inmersión en las redes sociales nos deja muy claro el panorama. Los dos puntos más altos en las noticas recientes, los maestros de la CNTE y Laura Bozzo, han dejado a su paso una andanada de odio racista y xenófobo. Algunos dicen que clasista; como si eso lo hiciera menos grave.
Dice Jesús de León–Serratos en su facebook: “Quizá (lo que) México necesitaba era acceso al social media para destapar la coladera de racismo que, según no existía en el país. Decían, el mexicano es burlón pero no racista, ajá.”

jueves, 26 de septiembre de 2013

Los hijos de Alucarda

Juan López Moctezuma, director de cine, locutor, actor, periodista, un tipo que tuvo al mundo en sus manos, que se codeaba con el Papa pese a ser abiertamente anticlerical; un caballero que tenía amplios conocimientos sobre jazz y que un día acabó recluido en un psiquiátrico para morir un 2 de agosto de 1995 con una película inacabada, de la cual poco se sabe. Sólo un selecto grupo de personas han podido ver un último corte que  su autor no alcanzó a realizar. Una cinta sobre canibalismo y miedo.
            La historia de este director maldito, conocido e idolatrado por dos de sus películas, “Alucarda” y “La mansión de la locura”, no deja de darnos sorpresas. Fue hace ya diez años que el crítico de cine Mauricio Matamoros publicó en La Crónica de hoy una reseña de la –en ese entonces– nueva edición norteamericana de “Alucarda”. Esa reseña fue el punto de contacto para que los dos herederos de Moctezuma contactaran con el crítico y posteriormente con el director Ulises Guzmán, quien estaba en la posproducción de un documental sobre Juan López.
            El mundo dio un vuelco. De improviso, y como bien apunta Mauricio Matamoros, se encontró el tesoro de Moctezuma. Ulises Guzmán se entera que esta peculiar pareja sacó al creador de “La Mansión de la locura” del psiquiátrico en el que estaba recluido y que lo hicieron regresar del estado catatónico en el que estaba proyectándole sus películas. Y no sólo eso, sino que tenían en su poder cientos de materiales pertenecientes al trágico director, que él mismo les había obsequiado ya que acabó siendo su amigo.
            Esto es apenas la punta del iceberg que cuenta el documental “Alucardos, retrato de un vampiro”, una película que va narrando al mismo tiempo la vida de uno de los directores más controvertidos de México y la extraña relación de dos fans a muerte con “Alucarda”. La cinta nos va contrapuntenado una sexualidad poco antes explotada en el terror: la transexualdiad, ya que todos lso personajes tiene en sí mismos esta dualidad. Incluso el propio Moctezuma es protegido y perseguido por un fantasma llamado Francisca.
            “Alucardos…”  ha tenido un éxito inusitado en todos los festivales de género en los que se ha presentado, desde el prestigioso Sitges en España hasta el Macabro, acá en la Ciudad de México. Una pieza infaltable en la colección de todo fan de cine de terror que se precie de serlo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Triunfar en Hollywood

Esa frase ha sido una y mil veces escuchado en la boca de diferentes conductores de televisión para referirse a una actriz o actor que deciden dejar el mercado televisivo en México para irse a trabajar a Estados Unidos, como una especie de mojados de otro nivel. La mayoría de la gente que intenta hacer esto regresa de inmediato a nuestro país con la cola entre las patas luego de pasar por miles de castings que no llevan a nada.
            Hay una idealización de lo que significa trabajar en Hollywood, de ver a ese valle californiano como una especie de Valhalla del cine. La calidad de sus producciones es muy relativa, sin embargo es el ideal de muchos. Digo todo esto debido al berrinche protagonizado por Eugenio Derbez que casi lloraba cuando su comedia “No se aceptan devoluciones” no fue seleccionada por la Academia mexicana de cinematografía para representar a México en la entrega de los llamados “óscares”.
            “Me duele mucho. –dijo al Economista  –Yo no creo que mi película sea mejor o peor que otra, pero creo que la Academia debe saber qué le conviene más a tu país en cierto festival; qué película puede representarlo mejor y creo que la mía encaja perfectamente con el perfil de los óscares.” Lo cual es absurdo a todas luces. Su película sigue la estela de comedias bobas protagonizadas por Adam Sandler, a quien venera de muchas formas, incluso compartiendo créditos menores con él. O de Rob Schneider. Cosa curiosa, ninguno de estos dos comediantes ha pedido tener un óscar.
Derbez ha tenido un gran éxito televisivo pese a ser un cómico limitado, (tiene nula capacidad de improvisación y un registro pobre de gestos), pero ha destacado porque el resto de cómicos son simplemente costales sin un dejo de originalidad. Los dos que podrían hacerle sombra, Victor Trujillo o el talentoso Andrés Bustamante, se han dedicado a otros menesteres.

Me llama la atención que hace poco el destacado actor argentino, Ricardo Darín a la afirmación de que trabajando en Hollywood hubiera ganado mucho dinero respondió enojado: “¿Y para qué sirve? ¿Mejor de lo que yo vivo? Me pego dos duchas calientes en un día. La ambición te puede llevar a un lugar muy oscuro", contestó Darín visiblemente enojado.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El "padre" de la resistencia civil

De hace unos años a la fecha Henry David Thoreau ha vuelto a tomar fuerza dentro en un grupo cada vez más grande de lectores. Antes, el poeta, filósofo y ensayista norteamericano era conocido por un pequeño grupo de personas que se dejaban influenciar por su filosofía proto ecologista y de tendencias anarquistas. Entre los que aseguran haber leído sus escritos y con ello haber cambiado su forma de lucha fueron Gandhi y Martin Luther King, además del famoso Unabomber.
            Impedimenta, editorial que especializada en publicar literatura de alta calidad pero difícil de encontrar, ha decidió publicar un cómic de la vida de Thoreau. La historia inicia cuando decide construir con sus propias manos una cabaña cerca del lago Walden. Esto sucede justo después de la muerte de su hermano y cuando comienza crecer el descontento por la esclavitud, que daría pie a la Guerra de secesión.
            La novela gráfica, de factura francesa, realizada a la limón por el guionista Maximilien Le Roy y el naturalista y dibujante A. Dan,  resuma romanticismo, a la vez que va hilando acontecimientos importantes de la vida del poeta; retomando diálogos reales de discursos pronunciados por él. Al acabar de leerla uno tiene la certeza de que Thoreau era un soñador, cosa que se refuerza con los muchos planos de acercamiento a su rostro donde sus ojos están en permanente vuelo hacia el cielo.
            Lo que viene a poner el contrapunto es la entrevista que se incluye en la parte final del tomo y que es realizada al especialista en literatura norteamericana del siglo XIX, Michael Gronger, quien refuta muchos de los mitos que se manejan alrededor de la vida del escritor. El primero de ellos es que Thoreau nunca llamó “resistencia civil” a su manera de conducirse (no pagar impuestos debido a que estaba en contra de la guerra México-EUA y porque la esclavitud era permitida), sino que fueron sus editores quienes la bautizaron así al recopilar sus muchos discursos en libros y verse en la necesidad de nominarlos de alguna forma.

            Gronger también es enfático en que Thoreau fue evolucionando en sus ideas hasta llegar a simpatizar con la causa armada. El discurso de simpatía por el ejecutado Jhon Brown, quien intentó robar armas de un destacamento militar para luego pretender declararse insurrecto, lo iban encaminando hacia la acción directa más que a limitarse a los discursos. La novela grafica, por lo tanto, nos habla de un hombre que han querido encasillar como un soñador pacifista y la entrevista nos muestra a un luchador social en toda la extensión de la palabra. Lo interesante es que su vida misma trasciende cualquier forma de encasillamiento.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Es que me da la vergüenza

Hace algún tiempo uno de los trend topics del Twitter le tocó a Martha Higareda. Lo que lo detonó fue las imágenes de un topless aparecidas en la malograda cinta Tlatelolco. De inmediato la turba twittera,  —que muchas veces me recuerda a los típicos abusadores de la secundaria— hizo de las suyas mofándose cruelmente de los senos de la actriz al tiempo que sacaba a relucir lo más posible su misoginia y la vergüenza inherente que tenemos los mexicanos ante un cuerpo desnudo.
     Esto no es nuevo, la doble moral mexicana ha llevado a crear éxitos de cine pornográfico o erótico que ante la sociedad negamos pero que en secreto atesoramos. Un ejemplo de esto es el lote de películas pornográficas encontradas por la Filmoteca de la UNAM, principalmente cortos de cine silente en los que se puede apreciar a diferentes personas teniendo sexo sin ningún tipo de tapujos. Los títulos de algunos de ellos lo dicen todo: Las muchachas, El sueño de Fray Vergazo y Tortillas calientes. Cosa curiosa, dichas cintas fueron creadas cuando el movimiento cristero estaba a todo vapor. Estas piezas eran exhibidas en prostíbulos clandestinos o en sitios que servían como pantalla para que las buenas consciencias pudieran disfrutar de ellas, como falsas librerías.
            De la misma forma, las llamadas sexicomedias, --que vieron su inicio con Bellas de noche a cargo de Miguel M. Delgado--, sostuvieron la industria cinematográfica nacional durante casi dos décadas. La gente negaba verlas pero La pulquería tuvo llenazos enormes. Sin embargo, las cintas de ficheras como también eran llamadas, prometían más de lo que cumplían y pese a mostrar mucha carne de las divas como Lina Santos o Sasha Montenegro, las tramas más bien eran gazmoñas y pudorosas. El amor triunfaba y los malos e infieles eran castigados al final.

            Esa situación no ha cambiado actualmente; en la televisión se siguen mutilando las películas cortando trozos enormes donde aparezca un desnudo o una situación comprometedora, es decir condenando la belleza de un cuerpo desnudo.  Lo bueno es que los lectores de Playboy y un servidor sabemos apreciar y aquilatar la belleza de la piel femenina que se entrega con ropa o sin ella.
Columna aparecida en Playboy México.

Sin guión no hay película


Era Hitchcock quién decía que una mala película podía tener un buen guión, pero que de un mal guión no podía salir una buena película, lo cual se cumple a raja tabla en el cine mexicano. Pese a la calidad técnica, las campañas de publicidad intensiva, el uso de actores conocidos gracias a la televisión, no acaba por ofrecer películas que tengan una calidad que supere al nivel de televisión y mucho menos que llene salas.
            El cinéfilo mexicano sigue prefiriendo las producciones hollywodenses buscando lo conocido. Lo cual no es extraño ya que este tipo de cine está hecho para un consumo masivo y sigue reglas muy claras en su creación. Sin embargo, otras cinematografías han podido ganarle terreno. En el 2010, según datos del IMCINE, el 5.7% de los mexicanos prefirieron ver cine nacional mientras que en el mismo periodo, el 9% de los argentinos asistieron a ver cine de su país.
Cuál es el secreto del cine argentino: las historias. Simple y llanamente cuentan algo que tiene que ver con su público. Así han logrado hacer cintas que incluso han tenido su versión norteamericana (Nueve reinas). Gary Alazraki  dice que “…en México se ha hecho mucho cine poniendo atención a los festivales, pero no han pelado al público.” Y razón no le falta, parece que el cine mexicano bandea entre preciosistas películas dirigidas a un público muy específico o productos engendrados desde la televisión.

            Atrás quedaron esas salas abarrotadas en los que la gente se reunía para ver los churros producidos por los Hermanos Almada; que gritaba enfebrecida con El Santo o que se sobrecogía con los asesinos urbanos de bajísimo presupuesto. Sin afán de querer regresar a este tipo de cine de explotación no está de más revisar qué tipo de historias se están contando en el cine nacional. Tal vez la gente no desea ver un drama miserabilista al más puro estilo Ripstein o una enésima denuncia de la descomposición social que vemos todos los días en el noticiero y vivimos en carne propia. Tal vez el público desea ver otras historias, tal vez va siendo hora de revisar los guiones y entonces sí, ponerse a filmar.
Columna aparecida en Playboy México.

Una y otra vez


¡Otra vez la misma!, gritó un amigo cuando le conté que el remake de Evil dead estaba en puerta. ¿Qué no tienen imaginación?, arremetió. Mi intención era explicarle que la historia del cine está hecha de historias que son vueltas a contar una y otra vez, pero hay gente con la que intentar razonar implica deshacerte el hígado.
            No es que haya actualmente una crisis de guionistas como muchos aseguran, la verdad es que el remake o refrito ha estado presente desde los albores del cine mudo hasta nuestros días. Es cosa de echar números para darnos cuenta de eso. Dos de los personajes más repetitivos en la historia fílmica son Drácula y Sherlock Holmes, ellos han visto infinidad de versiones de su vida (y muerte) en contextos que van de la parodia, la ciencia ficción, el muy bajo presupuesto o la actualización.
            Holmes, según algunos estudiosos, es el héroe que más películas tiene en su haber. Lo mismo se ha visto frente a frente con Jack El destripador, que ha viajado en el tiempo para resolver problemas del futuro. Es incontable el número de veces que Estudio en Escarlata ha sido versionada. Drácula, por su parte, se ha enfrentado con Blade, el Santo y hasta con extraterrestres y Brave Star.
            Una de las razones del remake es obtener dinero de manera segura, más cuando las sumas son estratosféricas. Los estudios de antes (con sus míseros presupuestos) y los actuales buscan recuperar su inversión lo más pronto posible. Más cuando las sumas se han vuelto millonarias. 300 millones de dólares no es algo que uno pueda perder en la nueva cinta vanguardista del genio de moda. Razón por la que los guionistas originales se han resguardado en las series.

            El tan odiado remake nos ha dado mucho, desde actores como Bela Lugosi o Cristopher Lee, a cintas que mejoraron en mucho a las originales. La lista es larga y va desde The Thing de Carpenter, Scareface de Brian de Palma, The Fly, de Cronenberg,  Per un pugno di dollari, de Sergio Leone o True Grit, de los hermanos Cohen por poner algunos ejemplos. Por eso si hacen de nuevo una historia la veo y luego opino.
Columna publicada en Playboy México.

No me gusta el Blu ray

Lo he dicho casi desde que salió el sistema, no me gusta el Blu ray. No es porque piense que todo lo pasado fue mejor, ni que las cosas deben quedarse estáticas. No me gusta el Blue Ray porque las ediciones de películas viejas que realizan para el formato muchas veces son modificadas, y no para bien.
            Con la llegada de los formatos digitales y el abaratamiento del costo de las pantallas la gente comenzó a dejar escondidos en un anaquel sus DVDs; las cintas Beta y VHS ya habían alimentado muchos bazares y botes de basura. La idea es que el Blu ray, un disco de doble densidad en la que caben infinidad de datos, vendría a sentar sus reales para opacar todo formato antiguo. Es tal su capacidad que pueden contener cuatro películas con una gran calidad. Esta característica conlleva un problema, con qué llenarlos. Lo que hace que incluyan cientos de subtítulos en idiomas que a nosotros no nos interesan (turco, chino, chino simplificado, thailandes, entre otros), que pongan extras que son una verdadera lástima (el spot televisivo que es el mismo que el tráiler de cine), incluyan la cinta en formato de descarga y eleven “la calidad” del filme muchas veces deformándolo.
            Hace poco pude ver El acorazado Potemkin en este formato y era otra película. Habían limpiado la imagen y quitado todas las “imperfecciones”, imperfecciones que la hacían ver más grandiosa, más sucia, más humana. No es lo mismo el grito de un marinero bigotón con el grano reventado a la pulcritud de los formatos digitales. Con Natural Born Killers pasaba lo mismo. Las secuencias en cámara lenta dejaban mal parados los efectos de ese tiempo. Es como cuando a alguien se le ocurrió la grandiosa idea de colorear las películas clásicas, las cuales fueron un rotundo fracaso. Aunque hay que admitirlo, las cintas de Ridley Scott ganan mucho en el nuevo formato.


             A mí no me interesa el realismo, el cine es cine. Si quisiera ver realismo saldría a la calle y viviría. Al cine voy a que me cuenten una historia y a sumergirme en ella. Por eso el cine no debe de perderse en grandes efectos especiales y pasar a convertirse en un simple divertimento de parque diversiones (remember Transformers). El cine es principalmente imagen e historia. Si apostamos todo a la calidad de la imagen estaremos dejando dinero en el caballo perdedor. Lo imperfecto también es hermoso.
Columna aparecida en Playboy México.

lunes, 12 de agosto de 2013

Delitos sin víctimas

Después de que Paco Ignacio Taibo II creara a mediados de los setentas el neopoliciaco, (mezcla de humor chilango malaleche, impunidad gubernamental, crítica de izquierda y sentido de la derrota pírrica), los escritores mexicanos subsecuentes se dedicaron a copiar ese formato hasta el hartazgo. No se vislumbraba ningún cambio hasta hace unos pocos años con la llegada de sangre nueva y un repunte del narcotráfico.
Bernardo Fernández mejor conocido como BEF ha saltado a la palestra de una manera inesperada. Anteriormente jefe de diseño editorial de la revista Complot Internacional en su primera época (la mejor) y dibujante de comics, se ha vuelto todo un referente luego de ser acreedor al premio “Una vuelta de tuerca” de novela negra.
 Su novela Hielo negro, donde por primera vez aparecen dos de sus personajes más entrañables, la narcotraficante de nueva escuela Lizzy Zubiaga y la gordibuena agente Mijangos, se volvió de inmediato un bestseller traducido a varios idiomas. La fórmula de BEF fue mezclar sus más íntimos gustos, es decir las referencias al cómic, el albur, el desenfado, una trama que podría parecer increíble pero que se ancla con la realidad y la crítica ácida a los artistas conceptuales; tan en boga a últimas fechas.
En Cuello Blanco BEF regresa con la misma dosis de elementos pero con una narrativa menos hiperbólica que la anterior, más anclada a la realidad y menos a la lógica del cómic. Lizzy sigue siendo la despiadada líder del cartel de Constanza pero ahora es menos parecida a los villanos de Batman y por lo tanto más carnal, más identificable en algún bar de moda de Polanco. Mijangos también se hace menos heroína hard boiled para convertirse en una mujer obsesionada con su muy particular versión de hacer justicia. Ambos personajes (¿o personajas, debería de decir?) ganan con este giro.
La trama vuelve a dar saltos en su forma de narrarse, vuelve a utilizar voces en primera personan o en tercera, nos da acceso a documentos privados, nos brinda viajes a lugares improbables del mundo (Albania, por ejemplo), y nos ofrece monólogos tan reales que uno no hace más rendirse ante su prosa.

Las referencias culteranas a lo pop no se pierden, lo mismo está presente la Comicon como gran centro de gravedad de lo nerd que personajes inolvidables de Don Gato, como el superhombre Moldoon. En suma, una novela tan disfrutable que debería ser prohibida.

Rompecabezas de un Tzompantli

Un asesino serial comienza a matar en la Ciudad de México. De inmediato llama la atención porque sus matanzas conllevan una serie de rituales que remiten a los sacrificios humanos de la época prehispánica. Al mismo tiempo el bonachón periodista de cultura metido a nota roja, Casasola intenta indagar sobre lo que sucede con los indigentes del centro de la ciudad en la llamada “Comunidad George A. Romero”. Sin embargo, el reportero tendrá que abandonar su crónica por la nota urgente y desentrañar quién se esconde detrás de las siniestras matanzas.
Toda la sangre es la segunda novela de Casasola, el periodista cultural venido a menos que al quedarse sin trabajo decide hacer sus pininos en el “Semanario Sensacional” y resolver, como es su costumbre, casos que rayan con lo sobrenatural; cosa que Bernardo Esquinca sabe contar muy bien. La primera aventura de este personaje se da en La Octava plaga, novela editada en Zeta que contaba el caso de una asesina serial peculiar. Lo cual conforma un díptico hasta hora, que nos ofrece ya un mundo muy particular creado únicamente con elementos que podríamos llamar chilangos.
La novela es además de un thriller entretenido,   —que no da pausa pese a su extensión—  una declaración de amor al centro histórico de la ciudad. Esquinca vive ahí, entre palacios y ruinas arqueológicas, así que uno obtiene un tour privilegiado a las partes secretas que esconde la urbe: su pasado indígena, los viejos pasos que servían como puertos para chinampas, las catacumbas de la Catedral, los sitios donde se asientan los indigentes, los edificios abandonados que dan vivienda al poder detrás de las sombras y toda la oscuridad que no se ve a simple vista. Toda esa mezcla va creando un sabor que lo mismo respira aires de El complot Mongol que de cuento fantástico y del fascismo mexicanista del primer priísmo.  
Esquinca es consistente con sus temas: el terror y el crimen. Con esos elementos logra hablar de muchas más cosas sin sonar pedante. Por ejemplo, pasa revista a un enorme Jack London que ha sido encasillado como autor juvenil por su obra más conocida, Colmillo Blanco (en sí misma una gran historia) pero se deja de lado lo que ahora podríamos llamar nuevo periodismo. También recupera el relato cotidiano, la crudeza de la nota roja y sus infinitas formas de contar la crueldad humana. ¿No es acaso el ficticio Semanario Sensacional el apodo bajo el que se esconde El Nuevo Alarma? ¿No es ahí donde empiezan muchas de las historias policiacas que acabaran volviéndose novelas?
Como ya hizo antes Rafael Bernal y Paco Ignacio Taibo II en su momento, Esquinca no siente ningún tipo de pudor de situar su trama en un ambiente tan conocido como lo es la Ciudad de México. Bernardo hace caminar a su personaje en esas míticas calles que antes recibieron la sangre indígena de los sacrificios ya sea a los dioses aztecas  o al dios español. Además se atreve a publicar consecuentemente terror en un país donde la crítica literaria ve a los géneros y a los escritores que maman de ellos, como un mal menor, como adolescentes que no han dejado los pantalones cortos. Esta afrenta se paga con el ninguneo. Sin embargo Esquinca ha obtenido poco a poco un lugar privilegiado y una buen andanada de lectores que le permiten dedicarse al género sin problema.

viernes, 2 de agosto de 2013

El Apocalipsis que ya fue

Herederos de los literatos rusos, los narradores norteamericanos han refinado el arte de la antología al grado que muchas de ellas son referencia obligada para encontrar joyas literarias. No existirían escritores como Raymond Chandler, Isaac Asimov, George R.R. Martin, Ray Bradbury o Ramsey Campbell sin las revistas o recopilaciones de short stories quienes les abrieron sus puertas, les pagaron algunas deudas y los dieron a conocer. Parte medular de estas antologías son los editores que deciden qué entra o no en cada una de esas publicaciones.
            Uno de ellos es John Joseph Adams, editor y crítico, quien se ha convertido en una de las personas más influyentes dentro de los subgéneros en Estados Unidos y por ende en todo el mundo. Muchas de sus antologías han sido referencia obligada y éxitos de venta; por ejemplo “Living Dead” 1 y 2 marcaron un antes y un después en la narrativa de estos seres. En la antología que nos concierne, “Paisajes del Apocalipsis, antología de relatos sobre el final de los tiempos”, editada en español por Valdemar, reunió a un grupo de escritores para que contaran cómo sería el final de los tiempos desde distintos ángulos. El resultado es desigual, como en toda recopilación de este tipo, pero rico en muchos aspectos.
            La fallecida Octavia E. Butler plantea un futuro en decadencia cuando la humanidad ya no pude hacerse entender por medio del lenguaje. La gente va perdiendo poco a poco la posibilidad de articular palabras (o de leerlas) y eso produce malentendidos y violencia. Sin embargo, todavía queda la esperanza que alguien no esté infectado. Orson Scott Card, el creador de la Saga de Ender, nos cuenta la planeación de un robo por parte de un hombre que acepta ese mundo destruido en el que nació con resignación. Este es el primer cuento en el que habla abiertamente de su religión, la mormona, para contarnos sobre su tierra sagrada y sus ritos.
Paolo Bacigalupi, pese al nombre, oriundo de Colorado, nos narra un futuro donde la humanidad es casi inmortal y solamente necesitan masticar algunas piedras para reconstruirse. El planeta está totalmente envenenado por residuos tóxicos y en medio de ese desastre un animal del siglo XX logra sobrevivir. En otro de los relatos, James Van Pelt, cuenta como las mutaciones genéticas ya son cosa corriente y eso lo aprovecha un viejo comerciante para viajar por el mundo en un peculiar circo.

Cada cuento es la posibilidad de un final y la muestra de los puntos vulnerables del ser humano.

Vidas extrañas en cuerpos extraños


A veces los elogios de presentación pueden hacer el efecto contrario en los posibles lectores. A Anna Starobinets, una moscovita que disfruta del metro de su ciudad, le han llamado la Philip K. Dick rusa o la alumna más aventajada de Stephen King y Neil Gaiman, lo cual a ella le parece gracioso pero no muy cercano a su tradición literaria que cuenta con genios como Chéjov y a Bulgakov.
Su único libro traducido al español, por intermediación de Nevsky Prospects, Una edad difícil, tiene referencias a uno de los temas que más obsesionaban a Dick, la memoria y la búsqueda de lo que nos hace ser humanos. Cosa que en estos tiempos de redes sociales y realidades virtuales nos es común a todos. Starobinets nos ofrece una serie de cuentos largos o novelles en donde se dan cita diversos tipos de sucesos extraños: revoluciones iniciadas en el metro de Moscú por oscuros habitantes de las profundidades, hormigas que intentan colonizar a la humanidad, manchas de moho que cobran vida y provocan amor en solitarias mujeres, hombres que olvidan una y otra vez su vida y agencias gubernamentales tan oscuras como la propia KGB.
Anna Starobinets comienza sus historias justo donde inician, no antes ni después. El suceso está en marcha y nos abandona a nuestra suerte sin tener de dónde detenernos, es como caminar en un túnel en el que una breve luz va iluminando sólo lo que viene delante, ni un paso más. Luego, conforme continúa el relato uno va juntando las piezas hasta terminar con toda la historia justo al poner el punto final. Sin embargo, las preguntas seguirán ahí mucho tiempo.
Sus relatos mezclan a partes iguales terror y fantasía, como si en el mundo real de un momento a otro aconteciera un suceso fuera de lo común y ya sea por pena o pereza nadie hiciera nada por hacerlo notar.

En Una edad difícil la gente parece querer obviar el daño en el otro, lo extraño que le sucede. Es como si de repente la comunicación comenzara a fallar y los personajes debieran arreglarse solos en medio del caos. En uno de los cuentos un hombre asegura recordar su vida perfectamente, sin embargo todos lo desmienten pero sin ir más allá. El hombre continuará en ese mundo que le es ajeno sin que la gente cercana a él haga algo por ayudarlo, como sucede con el personaje de la historia que le da nombre al libro. Incomunicación, soledad en una sociedad tecnologizada casi como en la nuestra.