martes, 30 de abril de 2013

Fantasmas del futuro


Una mujer que camina por el subterráneo de Nueva York tiene extrañas visiones que parecen ser fantasmas. Hay uno en especial que cree reconocer, el de Gilberto Owen. A su vez, el escritor mexicano alcanza a ver a una chica de enormes ojeras que lo ve desde su convoy. La vida de ambos está unida por su paso diario en el segundo metro más viejo del mundo. Los túneles y las lecturas son las que entrelaza sus vidas y lo que finalmente acabará fundiendo sus voces en una.
            Valeria Luiselli sorprende al panorama literario mexicano con esta su primera novela, cosechando de inmediato elogios lo mismo compañeros de generació, que de escritores veteranos como Guillermo Sheridan. Luiselli se aleja de los temas que últimamente han inundado la literatura mexicana: el narcotráfico, la violencia, la denuncia social o el realismo sucio seudobukowskiano. Su narrativa, por lo tanto, viene a dar aire fresco a las letras nacionales.
            Luiselli cuenta de manera fragmentaria la vida de una ella, que no es ella, de un alter ego que viaja de un tiempo a otro. En un instante estamos en Nueva York poco después de la fiebre Roberto Bolaño, en la que todo editor que se preciaba buscaba algún latinoamericano explotable para el mercado norteamericano. En otro momento estamos en la vida conyugal de una escritora que intenta seguir adelante con su novela. Sin previo aviso estamos en la piel de Owen y totalmente imposibilitados de soltar el libro.
            Valeria cuenta con dos herramientas que nos hacen disfrutar su prosa: su humor y su muy acuciosa mirada de la vida cotidiana. Gracias a esto sus diálogos son incisivos, reales, gozan de una musicalidad y de una inmediatez que nos arrancan una sonrisa para después  llevarnos a la reflexión sobre ese pedazo de exitencia.
            Luiselli sabe ver en lo imperceptible, en lo rutinario la épica literaria. La revisión de su original por parte de su marido, las sombras en el metro, las relaciones precarias de sus amigos, las preguntas inocentes de sus hijos, todo va conformando una galería de personajes que recuerdan seres que tuvieron corporeidad pero que ya no están, fantasmsa del futuro, como los señala uno de los personajes, entes ingrávidos que nos dejan con la sensación de que la novela tiene más de una lectura.

martes, 23 de abril de 2013

Tres religiones en una ciudad


El cómic o historieta en nuestro país no se quitan el terrible estigma de estar dirigido a niños, o peor aún, de literatura basura. Otros países han aceptado el noveno arte, como suelen llamarlo pomposamente, como literatura simple y llana. No por nada en Francia el Festival de Angulema, que homenajea la historieta, es inaugurado por el presidente en turno o en Argentina donde entregan una estatuilla de El Eternauta, (un personaje de cómic) al ganador del premio de periodismo.
            Con estos antecedentes debemos acercarnos con gusto a las obras de autores que ya llevan una larga trayectoria dentro del medio.  Los hay de diferentes talantes pero uno que ha inaugurado algo que podríamos llamar “historieta de no ficción” es el canadiense, quebequense para más señas, Guy Delisle. Sus trabajos anteriores, “Pyongyang” el relato de su estancia en la urbe más grande de Corea del Norte y “Shenzhen” ubicada en la ciudad china del mismo nombre, le brindaron el éxito instantáneo en Europa.
            Su más reciente libro, “Crónicas de Jerusalén”, cuenta con lujo de detalles su recorrido durante dos años en la ciudad que alberga a tres religiones y uno de los conflictos humanos más enquistados de la actualidad, Jerusalén. Delisle, debido al trabajo de su esposa en la ONG Médicos sin Fronteras (“Siempre hay fronteras”, replica un personaje), decide acostumbrase a su nueva residencia y tratar de trabajar en medio de las responsabilidades de sus dos hijos, un bombardeo en Gaza y una ciudad que se muere en determinados días y horas.
            Lo más delicioso de Deslie es que no toma partido ni por judíos o musulmanes. Ateo confeso, decide llevarse por lo que el ofrece el lugar: lugres míticos de la humanidad que se enseñorean en los desiertos del medio oriente.
            Deslie, a fin de cuentas padre de familia, busca cada que puede un parque donde sus hijos puedan divertirse y un buen lugar dónde puedan echarse una zambullida en el agua, ya sea una alberca o un océano.
     
       Dividido en pequeños capítulos, el historietista nos va envolviendo en su día a día, en sus viajes a ferias extranjeras, en los retenes de las carreteras y en los interrogatorios intensivos cada vez que regresa a casa con su familia. Nos muestra los mercados bulliciosos y el largo muro que divide una parte de la otra de la ciudad. Al final, uno siente que platicó durante horas con un amigo que no para de viajar.

lunes, 22 de abril de 2013

Transgrediendo los límites


 El término “de culto” ha sido tan manoseado en los últimos años que ha perdido totalmente su significado y se ha unido a la lista de palabras que se repiten sin ton ni son. “De culto” es un autor u obra a la cual le rinden un ritual sus seguidores. Por ejemplo, la forma en que se disfrazan y cantan durante las funciones nocturnas de la película “The Rocky Horror Picture Show” o la manera litúrgica en que se guarda la primera edición de “Psychopathia Sexualis”, del leonés Miguel Ángel Martín.
       Esta recopilación de historias breves causó conmoción en la sociedad española que no lo vio con buenos ojos, pero de inmediato le granjeó un grupo de fieles seguidores. El trabajo narraba en pocas páginas una serie de psicopatías sexuales que iban del fetichismo a la necrofilia. Lo que llamaba la atención es que su tipo de dibujo recordaba más a una historieta infantil que a una para adultos; ya se por su línea clara, por sus personajes de cabezas redondeadas o por la paleta de colores que utilizaba, siempre firmes y casi sin degradados.
            La edición italiana fue recogida y prohibida a la venta por su “inducción al suicidio, al homicidio y la pedofilia”. Su editor libro por poco el proceso legal que se le seguía. Pronto la moral se relajó y se pudo apreciar en todo su esplendor el trabajo subsecuente de Miguel Ángel Martín, quien firma siempre como MRTN.
La editorial Reino de Cordelia recopiló en el volumen titulado "Total Over Fuck" esta serie junto a “Anal Core”, “Snuff 2000” y “Hard On”, además de muchos bocetos y portadillas para la disquera noventera Subterfuge. Disquera que catapulto a bandas como Dover o Fangoria.  El volumen incluye, si lo anterior no fuera suficiente, fotografías del detrás de cámaras del corto “Snuff 2000”, motivo de culto y del que muchos hablaban en los noventa pero pocos elegidos habían visto. Trabajo donde aparece un joven Nacho Vigalondo y donde el también peculiar Borja Crespo, hace las veces de director.
"Total Over Fuck" es por lo tanto una pieza para coleccionistas o un buen libro para introducirnos en el trabajo de este personaje que lo mismo hizo el cartel para esa película señera del difunto Jess Frank, “Killer Barbis”, que adapta en historieta los “120 días de Sodoma”, de Sade pero pasada por la lupa de Passolini.
De esos libros que se ven y no vuelven más.

lunes, 1 de abril de 2013

Ilusiones perdidas


Si bien es cierto, que la producción cinematográfica en nuestro país se ha recuperado de la exigua cifra de cinco películas en la que llegó estar, a unas sanas cincuenta cintas al año, la industria no se ha consolidado del todo. De las pretensiones primermundistas de algunos realizadores, de documentales y demás géneros producidos por la cinematografía nacional habla el nuevo libro de Jorge Ayala Blanco.
        “La Ilusión del cine mexicano” es parte del pantagruélico proyecto del crítico de cine Ayala Blanco, que inició con “La aventura del cine mexicano” y que revisita con cada letra del alfabeto la producción fílmica de nuestro país. Actualmente va en su número ocho con la letra “I”. Ayala, ha construido en su larga carrera una forma particular de “desmontar” las películas en elementos para luego irlas desmenuzando, ayudado por una prosa abigarrada pero al mismo tiempo fluida y terminar con una conclusión sobre el filme. Sin lugar a dudas algo que lo ha caracterizado es su humor ácido, que va mezclando mientras explica la trama de la película y nos contextualiza.
            “La ilusión del cine mexicano” es a la vez una memoria del cine nacional más reciente y un desmitificador ensayo sobre las pretensiones de los realizadores y sus aciertos. El autor, pasa revista a más de cien películas que van desde los documentales más comentados como el protagonizado por Andrés Manuel López Obrador o Julio Cesar Chávez; explica la complejidad de una película como “Luz Silenciosa”; se burla de una cinta pretendidamente comercial y desfachatada como “Niñas Mal”; recorre los oscuros pasillos de las cárceles mexicanas a través de “Los ladrones viejos”; se adentra en el multiculturalismo de “Babel”; se encuentra con los últimos zapatistas y va al último concierto de Timbiriche. No deja de lado nada, lo cual convierte al libro en una muy cuidada investigación sobre el cine actual.
            La prosa de Ayala Blanco nos permite “leer”, si esto es posible, cine. En cada una de sus reseñas, agrupadas en siete ejes temáticos, va numerando uno a uno los temas que más han atraído a los realizadores y que se han ido convirtiendo en simples ilusiones: la ilusión de la democracia, la ilusión del cine que triunfa comercialmente, la ilusión de la denuncia social, la ilusión de producir cine por primera vez. En resumen, la ilusión de una industria que no acaba por encontrar un público ni por encontrarse.