domingo, 23 de junio de 2013

La soledad de la Frontera


A veces leer a un autor al que todos elogian suele ser decepcionante. Las grandes expectativas que se van creando alrededor suyo pueden no ser superadas por la prosa más prístina. Daniel Espartaco, Valeria Luiselli, Yuri Herrera y César Silva Márquez son los nombres que más sobresalen entre la hornada de nuevos escritores que la prensa menciona.

César Silva, narrador nacido en Ciudad Juárez pero avecindado en Xalapa, Veracruz, vio primero el reconocimiento en España, lugar donde publicó su primer libro de narrativa. Luego de algunos coqueteos con la poesía y de ganar el premio Binacional Frontera de palabras con Cuervos, regresa con Juárez Whiskey editado por Almadía.


Ahí, en el escenario de una de las ciudades más violentas del planeta, Silva Márquez nos cuenta el relato cotidiano de un hombre que tiene problemas con distintas mujeres. El autor no se solaza en denunciar nada, no aparecen soldados ni narcos botudos y mal hablados, al contrario, su prosa se centra en las desventuras de un ingeniero que vive su vida en el internet y en pensar que algún día se podrá acostar con su vecina.


Lo interesante de la novela es como lo menciona Eduardo Antonio Parra: “la elaboración de un personaje con un mundo interior tan rico que al final los lectores terminan conociéndolo como a un amigo de toda la vida.” Márquez comienza con una historia que podría ser anodina y poco a poco nos va adentrando hasta que los mínimos problemas del ingeniero nos preocupan.


Tal vez se deba a que el novelista sabe entremezclar con bisturí historias que rayan en la locura y que se esconden tras las cortinas polvorientas de los vecinos o en las visitas a los hospitales de los familiares. El sadomasoquismo de una vecina que desea sexualmente, la obsesión criminal de una amante ocasional, el dolor de muelas que lleva al encierro en un psiquiátrico de un familiar cercano. En la narración siempre hay espacio para la voz, para lo escuchado, para el rumor. El protagonista es como una especie de confesor al que el resto de los personajes le cuentan sus desventuras. César Silva nos cuenta, con apenas unos pincelazos, todo un mundo listo para devorarlo. Y no, no decepciona.

domingo, 2 de junio de 2013

La ciudad del fin del mundo

La novela policial surge a mediados del siglo XIX; en ella el enigma criminal era la columna vertebral que guiaba las acciones de los protagonistas. El detective –Dupin quien fue el primero—se volvió el hombre que nos dirigía por los callejones oscuros que el autor inventaba. Luego vendría la depresión del 29, el periodo de entre guerras y el advenimiento del nazismo. La novela policial dejó de sustentarse en la trama para convertirse en un vehículo donde la atmósfera importaba más que el misterio en sí. Se centró más en los personajes y pasó a llamarse negra. No es hasta mucho tiempo después con Truman Capote y James Ellroy que la novela criminal abreva directamente de la realidad.
            “Tropa de élite” escrita a la limón por un sociólogo y dos expolicías, Luiz Eduardo Soares, André Batista y Rodrigo Pimentel, respectivamente, apunta a hacia la nueva dirección que ha tomado la novela negra. Ya lo dice Roberto Saviano, el autor de “Gomorra”, que la narración criminal debe tomar a los personajes reales y hacerlos hablar. Eso precisamente es lo que pasa en esta novela de no ficción, los dos ex capitanes cuentan --de manera un poco disgregada-- los recuerdos su paso por  el BOPE.
            El BOPE, el Batallón de Operaciones Policiales Especiales, es un grupo de élite dentro de la policía de Río de Janeiro. Durante mucho tiempo fue el único bastión que la corrupción no tocaba. Su secreto era el orgullo. Al inicio del libro uno de los narradores explica que mejores sueldos o uniformes no hacen menos corrupto a un policía sino la determinación y el orgullo de dedicarse a esa labor.
            “Tropa de élite” causó conmoción en la sociedad brasileña al ofrecer el punto de vista de la policía; cosa que se obvia en casi todos los documentos ya sea de ficción o ensayísticos. Algunas tacharon el libro de fascista, de cruel y de ofrecer una versión poco halagadora de la situación actual de las favelas en Brasil.
            El libro puede leerse como una novela más que como un documento, ya que la forma en que está narrado nos va ofreciendo una larga historia sobre los movimientos desde el poder para reincorporar a un diller exitoso a su trono en la favela. Por la trama irán apareciendo gobernadores, jefes policiacos, sicarios, habitantes inocentes y los inevitables giros en la trama todos provenientes de la más brutal realidad.

            Luego de terminarlo uno sabrá a lo que se enfrentará la ciudad que será sede del Mundial y las Olimpiadas en los próximos años.