domingo, 27 de octubre de 2013

Halloween 35 años después

Fue en un duro otoño de 1985, si no mal recuerdo, que mediante una videocasetera instalada en un antiguo cuarto con techo de lámina que la casa paterna se convirtió en una sala de cine. En ese ingenio, previamente conectado a una enorme y estorbosa televisión de torreta, fue la primera vez que pude ver a ese ente sin rostro llamado Michael Mayers en Halloween.
            La cinta estrenada el 25 Octubre de 1978 en Estados Unidos y que no pudo ser vista hasta diciembre del siguiente año en nuestro país, fue un pedido expreso del productor Moustapha Akkad a John Carpenter. El libanés le dijo que quería una película de un asesino de niñeras. El norteamericano se puso manos a la obra y comenzó a desarrollar un guion que acabaría dirigiendo y musicalizando –para abatir costos—  acompañado de su entonces esposa, Debra Hill y un grupo de amigos.
            Su película retomaría la entonces reciente moda de los asesinos enmascarados provenientes del cine de terror italiano. Carpenter dotaría de una máscara pálida, proveniente de una del Capitán Kirk a la que solo le pasarían pintura en aerosol, a su personaje. Lo interesante de este psicópata era que personificaba la maldad. En una de las posteriores versiones, se agregarían algunos minutos donde el doctor Loomis aseguraba que Mayers no debería de estar bajo mínima precaución porque él estaba lleno de maldad. Al escapar, el niño asesino le daría la razón llenando de cadáveres al tranquilo pueblo bibicletero de Haddonfield.
            Halloween vería una serie de secuelas que dejarían mucho que desear. Solamente la segunda parte continuación, que inicia justo después de donde termina la original, vendría a estar a la altura. Pese a que el reinicio de Rob Zombie, en su faceta de director pudo lograr el impacto de la original. Una de mis críticas es que brinda demasiada información e la infancia de Mayers eliminando de tajo la idea de que fuera simplemente la maldad encarnada.

            Ahora, 35 años después Halloween produce menos miedo pero igual fascinación.

Transgresión y deseo

La pornografía tiene como motivo principal motivo transgredir, más allá de su efecto excitador, la porno debe de contravenir las convenciones sociales para ser; por lo cual “es importante que los dominios del porno sigan siendo prohibidos.” Eso afirma Naief Yehya en su más reciente libro “Pornocultura”. Si bien antes ya había ahondado sobre el fenómeno en su anterior trabajo,  “Pornografía, Obsesión sexual y tecnología”, es en este que reflexiona sobre cómo lo antes prohibido, lo escondido, nos ha tomado por sorpresa y se ha metido poco a poco en nuestra vida cotidiana.

En este extenso ensayo, Yehya hace un recorrido por aquellos primeros cómics que ayudaron a los veteranos de la Segunda Guerra a Mundial a paliar su dañada hombría ya que a su regreso las mujeres habían ocupado sus puestos de trabajo; por las películas de sexo duro filmadas en los sesenta en donde la mujer era sometida a oscuras perversiones y demás manifestaciones de la cultura popular en las que la transgresión, el buscar el límite es parte de la diversión. Y donde se adivina una hombría apaleada que intenta dar la pelea mostrando su lado violento.
Yehya deja claro que la pornografía se ha colado a través de la red, de la televisión, de la prensa en la política y en la milicia. Recapitula los sitios dedicados a mostrar los horrores de las supuestas guerras limpias de Estados Unidos contra Irak y Afganistán, que aseguraban tener objetivos quirúrgicos y sin civiles muertos. Sin embargo, también nos cuenta como dichos sitios acabaron siendo lugares en que los soldados podían burlarse de la muerte de los invadidos. Nos narra los escándalos producidos por las torturas de las cárceles y reflexiona sobre la supuesta libertad de expresión que esgrimen los grupos en internet que perpetran la agonía de los lugares invadidos.
Hace un recorrido por las ejecuciones de los extremistas islámicos y las de los narcotraficantes mexicanos que aparecen en el Blog del narco. De la misma manera nos hace entender como las “inocentes” grabaciones con los celulares inteligentes acaban convirtiéndose en la principal atracción de las pornovenganzas.

A fin de cuentas, como dice el escritor avecindado en nueva York: “La pornografía tiene que ser lo que es. No creo en la pornografía como una herramienta de liberación ni de sometimiento, es un espejo de nuestras fantasías.”

La seducción del inocente

La anécdota de William Gaines, ex director y dueño de la editorial EC Comics, es conocida por los avezados en la cultura popular norteamericana. Durante el Macartismo las libertades individuales fueron reducidas al máximo por una moral puritana que censuraba desde el trabajo hasta los hábitos de consumo. Debido al éxito de los comics de su empresa, Gaines fue llamado a tribunales para que explicara porque gustaba de “seducir al inocente” a través de sus revistas. Gaines, burlón y sarcástico como era, dijo que él sólo producía revistas de buen gusto. “¿Una mujer sin cabeza también es de buen gusto?”, le espetó el senador Kefauver. “Sí, para un cómic de terror.” Respondió cínicamente.
Los comics de la EC se volvieron un punto de referencia dentro del género y parte importante de la cultura popular norteamericana y por lo tanto de diversas partes del mundo. Muchos escritores e ilustradores aceptan como influencia las diversas revistas de la Entertaining Comics, Tales from the Crypt (Historias de la cripta), The Vault of Horror (La bóveda de los horrores) y The Haunt of Fear (El refugio del miedo). El libro “The Horror, the Horror, Comic books the government didn`t want you to read!”,  reúne por primera vez varias de estas señeras historietas dándoles un orden temático y profundizado en las razones de sus creadores.
Jim Trombetta, el autor del libro, nos explica como una editorial que ilustraba historias de la Biblia cambio a contar a historias de humor negro que implicaban cadáveres vivientes, seres del espacio, gánsteres de poca monta y como el advenimiento de la moralidad gubernamental hicieron esta empresa tuviera que cambiar nuevamente de giro.

Trombetta explica acuciosamente cuales eran los miedos del americano promedio de aquellos tiempos al rescatar del olvido sendas historietas en los que se revelan. Por ejemplo, la familia nuclear ideal es azotada por un casero poco común que se alimenta de la sangre de sus inquilinos. El tema de la decapitación, miedo que perseguía a los veteranos de guerra, es una y otra vez tocada de muchas formas, como muerte atroz y descarnada. El miedo comunista es retratado metafóricamente por una especie de extraterrestres que son capaces de tomar la voluntad de los seres humanos.

El libro contiene las historietas reproducidas fielmente, cientos de portadas y como extra un DVD con el programa que comenzó la persecución a Gaines y demás historietistas, “La Seducción del inocente”.

La locura de la quietud

Antes la provincia era vista como el lugar alejado de la locura y de la perdición de la gran ciudad. La bucólica provincia mexicana era vista como un regreso al origen y a lo mejor del ser humano. En la novela de Daniel Saldaña Paris, En medio de Extrañas víctimas, el interior de la república, el pueblo idealizado deja de serlo para convertirse en refugio de los locos, de los exiliados, de esos que no tuvieron pase para un lugar mejor. Rodrigo, el obsesivo y pertinaz monologuista con el que abre la historia, decide escapar de sus deberes refugiándose en Los Girasoles; indefinido sitio en el bajío, rodeado de pueblos azotados por el narco.
            Al mismo tiempo Marcelo Valente, un dicharachero y enamoradizo académico español es conducido por el azar a compartir espacio con un enfebrecido burócrata universitario que lo llevará a conocer la más enloquecido teoría de la que será partícipe. En tercer plano, pero no menos importante, Richard Foret, el boxeador, poeta e intenso amante francés, aparecerá como un fantasma recurrente que hilará la historia.
            Saldaña París se las ingenia para marcar en dos formas narrativas, tres diálogos y con una inteligencia notable, las diferencias entre tres generaciones y su visión del mundo. Por una parte está el violento e impulsivo Foret, que encarna la fiereza de los hombres que iniciaban el siglo XX, la valentía del saberse exploradores en un tiempo que abría miles de posibilidades. Por otro lado Marcelo Valente, hombre que no ha perdido la esperanza y que ve en el sexo casual la mejor manera de fraternizar con las mujeres, que sigue teniendo empuje e ideales y que conserva el candor de años mejores. Por último el nihilismo y pereza de Rodrigo, quien nació en un tiempo en el que al presionar un “enter” el mundo se abría a su gusto.
            Cada uno de ellos obtiene lo que busca. Foret una vida llena de peligros, de constantes huidas y de amores intensos; Valente viajes a lugares románticos (no en el sentido cursi del término), y de amores breves. Rodrigo una gallina en un lote baldío y una excelsa colección de tés colgados en la pared.

            Saldaña se revela como un novelista que llena de humor el patetismo de sus personajes, que se burla del mundo que le toca ver y que ofrece una historia que no se va por la resolución fácil sino que construye un mundo y nos lo ofrece.

viernes, 18 de octubre de 2013

Una película de...

Siempre que pienso en un director de cine hago el símil con un jefe de cocina. Ambos tienen bajo su responsabilidad un equipo, deben de tener un alto grado de mando, mucho orden y una pericia desmedida para administrar recursos. No por nada cuando un buen menú llega a las mesas quien recibe las felicitaciones es el chef, en representación de todo su equipo.
            En una película pasa algo similar, el guionista, el camarógrafo y los actores hacen todo lo posible por cumplir con su trabajo pero quien orquesta todos los esfuerzos es el director. O cuando menos eso pasa en una cinta de autor. El director impone su visión y eso se nota en toda su obra, no importa que dirija una cinta de misterio o un melodrama. Michael Haneke, por ejemplo, ha realizado su trabajo en diferentes países y con varios registros pero su visión pesimista ha sido siempre la misma. A esta firma se puede unir la de un Kubrick, un Guillermo del Toro o un Polansky. Ellos trabajan o trabajaron con diferentes elencos, diferentes países, presupuestos pero plasmando siempre una particular forma de abordar el cine.
            Este razonamiento lo hicieron hace ya bastantes años unos, en ese entonces, nóveles cineastas en la prestigiosa Cahiers du Cinéma. Godard, Truffaut, Resnais y Chabrol concluyeron que pese a trabajar en la industria norteamericana Hitchocock y otros autores imprimían su firma en todas sus obras; razón por la cual decían debían contar con la leyenda: “una película de…” para hacerlas suyas.
            Esto ha perdido su valor. Ahora cualquier incipiente director que acaba de terminar su primer obra, incluso su primer cortometraje, se evanece escribiendo en los créditos de inicio: “una película de fulano de tal”. Incluso, directores tan desiguales como Gore Verbinski se han atrevido a eso.

            Siguiendo el símil gastronómico, que cualquiera de los chambistas habituales diga que tal producto es suyo, es como si el cocinero de la cadena de hamburguesas esperara los aplausos de los comensales cuando nos entregara nuestro combo con papas.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Repaso rápido al Feratum

El Feratum es uno de los festivales de terror que actualmente campean por el gusto de los fans alrededor del país. José Mujica Marins, Xe Do Caixao, comentó en su conferencia de prensa que “cuando un país va mal, el cine de terror va bien”. Lo cual no es extraño en el nuestro, ya que mientras se llena de cadáveres, reformas poco populares y destrozos ecológicos, los festivales de género comienzan a cundir, no así una producción cinematográfica que iguale a la de otros países.
Actualmente contamos con varios: Macabro, el primero y el más consolidado; Mórbido, con severos problemas financieros luego de su cambio de sede; Horros Fest que más que un festival es un vil mercado que cobra 250 pesos por un autógrafo y 200 por una foto; además de pequeños como Post mortem en Aguascalientes, Aurora en Guanajuato, entre otros.
Miguel Marín Colín director de Feratum desea consolidar en Tlalpujhua su proyecto y hacerlo como la respuesta mexicana a Sitges. Pese a las evidentes fallas de organización, el festival acabó con saldo positivo. Apenas llegamos, los problemas comenzaron con las acreditaciones y los hoteles. Sin embargo, el pueblo de inmediato llamaba a relajarse, a dejarse conducir. A unas pocas calles del Museo Rayón descendía de una camioneta la leyenda del cine brasileño, José Mujica Marins, quien con sus más de 70 años de edad encima conservaba esos movimientos mágicos en las manos, como de encantador y la mirada penetrante.
Al poco rato estaría con nosotros Gary Pullin, el ilustrador y portadista de Rue Morgue. Poco más tarde Rodrigo Gudiño, director y fudnador de Rue Morgue, apareció entre la concurrencia justo para la marcha de las bestias. Rue Morgue cambió la forma de ver el terror para ir más allá de la simple reseña de cintas de género y mostrarle a la gente que era toda una cultura.
El Feratum es un festival joven que necesita pulir detalles (la barra de horarios por ejemplo), pero en pocos años y con trabajo puede convertirse en referencia.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Racista, pero nada más poquito

Me acuerdo que una de las primeras cosas que aprendí cuando era niño fue que si un hombre de rasgos indígenas conducía un auto nuevo, yo debía saber que no podía ser suyo. “Seguro es el chofer o se lo robó”, completaba un familiar. Otra de las cosas que supe de inmediato es que había que casarse con una mujer blanca “para mejorar la raza”, porque hacerlo con una morena (“prieta” o “prietita”, para que suene menos feo) significaba condenar para siempre a nuestros hijos.
Eran enseñanzas sencillas que uno iba acumulando, por ejemplo, que decirle a alguien por ofensa “pinche indio” estaba bien. También que para llamar la tención de un desconocido lo mejor era decirle, “güero”. Ah, y claro, la enseñanza más importante era que en México no éramos racistas porque aquí no había negros.
Digo esto porque cuando posteé en las redes sociales el siguiente diálogo de la nueva película de Eugenio Derbez: No se admiten devoluciones, me dijeron que lo había descontextualizado, que en realidad Derbez no era racista. Este es el diálogo: “Allá vas a estar mejor que acá… Si te quedas acá en México vas a ser guapa pero chaparrita, prietita; en cambio si creces allá, no’mbre, seguro vas a ser güera de ojo azul, alta.”
Y tenían razón, Derbez no es racista, no lo es en la misma proporción que lo somos todos nosotros. Nuestra educación televisiva, contando la tv nacional y la andanada de series y películas norteamericanas que consumimos alegremente sin afán crítico, sumada a nuestra historia, nos han convertido en una sociedad tan racista que no admite serlo.
Una inmersión en las redes sociales nos deja muy claro el panorama. Los dos puntos más altos en las noticas recientes, los maestros de la CNTE y Laura Bozzo, han dejado a su paso una andanada de odio racista y xenófobo. Algunos dicen que clasista; como si eso lo hiciera menos grave.
Dice Jesús de León–Serratos en su facebook: “Quizá (lo que) México necesitaba era acceso al social media para destapar la coladera de racismo que, según no existía en el país. Decían, el mexicano es burlón pero no racista, ajá.”