martes, 12 de noviembre de 2013

Intervenciones telefónicas

En series el actual debate es sobre los que piensan que Breaking bad es la mejor historia de todos los tiempos o por el contrario, quienes creen que lo fue The sopranos. Es innegable que la primera tuvo un mayor público y mayor repercusión por tratarse de un canal de pago pero no restringido, y la segunda, al contar con más temporadas y ser la primera que diera la campanada en el ahora famoso HBO.
Sin embargo, si de mi opinión se tratase, The Wire estaría en mi terna y ganaría de calle. "Que se joda el espectador medio", dijo David Simon, su creador un reportero de la fuente policiaca en Baltimore, y a eso le apostó. Simon ideo una serie donde “las escuchas telefónicas” fueran el hilo conductor de una serie que fuera “más que una serie de policías”, como afirmó el propio experiodista. The Wire pasó de noche para ese espectador medio. Hoy a cinco de la emisión de su último capítulo la serie es difícil de conseguir y pocos hablan de ella, pero los que lo hacen saben que su visionado proporciona un antes y un después.
The Wire comienza lenta, no hay gran acción los primeros cinco capítulos. Es hasta este momento que uno ya conoce a todo el reparto, a la manera de las novelas rusas, los personajes son numerosos y perfectamente bien armados. Pero detrás de ellos siempre hay algo más, vida, realidad. De todo eso nos habla uno de sus guionistas, Rafael Alvarez (así, sin acento) quien publicó un libro de más de seiscientas páginas, recién traducido al español por El principal de los libros, que le da más a los sedientos fans de la serie.

Alvarez, quien escribiera unos capítulos pero que estuviera detrás de la serie principalmente en la segunda temporada que trata sobre los astilleros de Baltimore, el mismo lugar donde su abuelo marinero descendiera de un barco procediente de Vigo, España para quedarse. Su libro es una guía pormenorizada capítulo a capítulo sobre lo que sucede en la serie y sobre lo que la inspiró. Entonces uno va enterándose de como David Simon tuvo que escribir una carta la dirección de HBO para que la serie tuviera luz verde sin ningún tipo de restricción (la carta se reproduce íntegra), sabrá que muchos de los personajes que aparecen a cuadro lo único que hacían era representarse a si mismos, que el verdadero Avon Barksdale cuando salió de la cárcel tuvo una reunión privada con Simon y Alvarez, y muchos otros datos más que lo que hacen es ampliar mucho más el mundo narrado en The Wire.

Corpóreo y adictivo

"La conversación es la imagen del espíritu.
Según es el hombre, así es su charla."
Publio Sirio
Siempre he visto a Godofredo como un coleccionista compulsivo. Bueno, como un coleccionista a secas porque los que coleccionamos somos compulsivos. Sé que el gusto por acumular es mutuo cuando recuerdo algunas de sus charlas donde me cuenta sobre autores, ediciones, empastados, cuando me recomienda libros que no pensé que estuvieran en su campo de acción, de la necesidad de más espacio para acomodar sus volúmenes me queda la certeza que disfruta con la literatura.  “De pies a cabeza” es el resultado de este vicio por acumular algo que es intangible, maleable y de alguna manera lleno de gozo: el conocimiento.
            “De pies a Cabeza”, su más reciente libro es como tomar un tour hacia lo que puede ser una charla con Godofredo. Las charlas que él y yo hemos tenido han sido siempre caminando o en un viaje; entonces para honrar este hecho comencé a leer su libro en  los traslados en autobuses, mientras subí y baja del metro, o desafiaba las leyes de la gravedad en los enfrenones del transporte público y las asfixia en las horas pico.Eso sí, no podía parar de leerlo.
            ¿De qué habla el libro de marras? del cuerpo humano en una primera instancia, pero en realidad habla de muchas cosas: de la espalda de Jack London y los crímenes bestiales del Silencio de los inocentes; de las lágrimas de Oliverio Girondo y los pequeños pies de las chinas anteriores a la revolución cultural; de la griega clásica y su culto a la  homosexualidad; de los aztecas y sus peculiar gastronomía. Insisto, el libro es como charlar como con Godofredo. Recuerdo alguna vez que hablábamos sobre lo costosos de los libros de Acantilado y que posteriormente pasamos a George Simenon y sus novelas negras, luego a la obsesión por las mujeres de Simenon, para acabar con el cuento fantástico. “De pies a cabeza” sigue una lógica menos explosiva. Se ciñe al cuerpo humano y lo disecciona parte por parte, secreción por secreción, se pone erótico con el pubis y místico con las uñas.

            Ya se había encaminado en un proyecto así con su festejada columna Brujulario del extinto diario Siglo XXI, donde una simple palabra daba para hablar sobre ella y discurrir sobre la cultura occidental y su devenir. A mí estos temas me sorprenden. Hijo de la televisión a fin de cuentas, siempre me rindo ante un conversador que tiene una cultura tan vasta y que la muestra sin pedantería, sin rebusques, con el simple ánimo gozar con ella.