jueves, 30 de enero de 2014

Honorarios

James Ellroy cuenta en “Mis rincones oscuros” que con el dinero que obtuvo de su segunda novela pudo comprar una casa en Connecticut, “similar a las que allanaba cuando era joven”. Me encontré con esa declaración mientras viajaba en el metro y me comencé a reír. No sé cuántos escritores de México, incluso de Latinoamérica, podrían decir eso. No conozco a un solo narrador nacional que pudiera dejar todo de lado y dedicarse a vivir únicamente de la venta de sus libros.
            La mayoría hacen cientos de cosas para poder allegarse el dinero necesario para la renta y llenar el refrigerador. Hacen talleres, dictaminan premios, cobran en alguna institución gubernamental, son maestros, periodistas, funcionarios, becarios permanentes de sus padres (o parejas) o de plano se dedican a otras cosas: son dentistas, ingenieros, cocineros, taxistas o vendedores.
            Recuerdo hace algún tiempo cuando Jorge Volpi, (con todo y sus premios y su reconocimiento europeo), mando una carta en la pedía que firmáramos para que la Secretaría de Relaciones Exteriores le siguiera pagando por ser agregado cultural en Europa. Me imagino al excelentísimo señor llorando, con un Martini en la mano preocupado porque ya no le iba alcanzar el dinero para las viandas y los vinos. Digo que estaba preocupado porque pedir firmas en el internet se me hace un poco desesperado.
            Lo cierto es que ser escritor en México no es redituable. Uno lo hace por gusto. Las revistas y periódicos pagan poco, (cuando pagan). Y las regalías de las editoriales nunca llegan. Esa es una de las razones por las cuales deje de escribir para La Jornada de Oriente, el periódico al que por casi cinco años mandé una columna (casi) cada semana. Con mucho gusto me brindaron el espacio, el cual agradezco; pero de repente la línea del diario comenzó a cambiar y nunca hablaron de siquiera regalarme una suscripción, lo cual me parece lo mínimo aceptable. Así que si ellos no pagaban y la mayor parte de los que me leían lo hacían en línea, no veía razón para continuar ahí.
            Pero una de las cosas que me parecen más absurdas es que el gremio en lugar de decir tajantemente “no pagas, no colaboro” prefieren seguir el juego de publicar en determinado diario o revista sin recibir dinero (o cuando menos algo a cambio: entradas al cine, comidas, libros) y hacer como que son profesionales que cobran por sus textos.
            Hace poco leía que un colega ponía en su muro de Facebook: “acabo de firmar con una importante editorial para una novela.” Lo cual significa que le darán un poco de dinero y cambio venderá su alma al Diablo, quedándose sin derecho a regalías, sin poder tener control sobre su obra en poco más de cinco años, no podrá escoger la portada o cuarta de forros, ni le garantizarán que su libro si quiera llegue a librerías.

“Firmar con una importante editorial” puede sonar bien profesional pero en la práctica no es nada bueno. Con lo que obtenga de mi siguiente libro (editado por un sello pequeño) podré comprar un cartón de buena cerveza y una pizza enorme, no un departamento.

martes, 28 de enero de 2014

Doblada, por favor

Para nadie es una sorpresa que después de los hindús —unos verdaderos cinéfagos insaciables—, los que más consumen cine son los norteamericanos. Por eso no es extraño que la gente del medio alrededor del mundo quiera hacer carrera allá, o intenten vender su trabajo en aquel país.
Sin embargo no es fácil. El rasgo más distintivo del mayor mercado del mundo es el egocentrismo. Las películas que tienen éxito en Estados Unidos deben de tratar de ellos o de algo que les interese y claro, estar habladas en su idioma pues son verdaderamente perezosos para leer subtítulos. Doblada, por favor, parece que dicen. Esa es una de as razones por la cual “El Artista” fue tan exitosa: homenajeaba al viejo Hollywood y carecía de los pesados subtítulos.
La única forma de poder entrar al star sistem desde aquellos lugares siendo director es vendiendo los derechos de las películas para hacer un remake. Práctica ancestral que se ha realizado casi desde que los grandes estudios se posicionaron en el valle de California a principios del siglo XX. Los norteamericanos han  vuelto a hacer cintas francesas, japonesas, suecas, noruegas y otras tantas nacionalidades.
En el caso de México, Gabriel Retes había dado gritos de alegría porque el mismo Steven Spielberg había comprado los derechos de su cinta “El Bulto”; pero el prometido remake se disolvió en el olvido. Algo distinto le pasó a Alejandro Jodorowsky que tuvo que filmar en inglés a exigencia de su productor Allen Klein, para que su película “La montaña sagrada”, tuviera una corrida comercial internacional.
Es hasta que llegó Jorge Michel Grau y su “Somos lo que hay”, una película mezcla de terror con drama, que luego de su éxito en diversos festivales de género de terror  (principalmente en Inglaterra) fue comprada para volverla a filmar.

Patricio Valladares, un joven director chileno que dirigirá el remake de su propia cinta “En las afueras de la ciudad” en Estados Unidos, explica con sabiduría: “Aunque una película sea muy buena, si está en otro idioma, no vende.”
Columna aparecida en Playboy México de Enero

sábado, 4 de enero de 2014

10 mejores películas del 2013


1.- Gravity
Qué se puede agregar luego de las críticas. Es diversión, es arte, es belleza. La puede ver uno por el lado escapista, por el lado de los efectos o como una fábula humana. No está a la altura de Los niños del hombre, pero es muy buena.

2.- Pacific Rim
Gran presupuesto y Guillermo del Toro en la dirección. Arriesgándose a un fracaso tremendo Del Toro revitaliza los monstruos gigantes y se embolsa una buena cantidad de lana. Sin embargo y pese a sus declaraciones  siento que a la película le falta más de él.

3.- End Of Watch
La fui a ver a una función de prensa sin muchas ganas (el cartel era horrible) y resultó que salí más que entusiasmado. El retrato humanizador de dos policías, una trama muy bien armada y el contrapunto perfecto, dos países (Mex-USA) hacen que la película destaque.

4.- The Place Beyond The Pines
La épica del white trash. Tres películas en una o como lo que hacen nuestros padres nos acaba determinando. Ryan Gosling con sus rostro impasible e igual de sucio que siempre.

5.- The Rambler
Oniria, surrealista, el recorrido de un ex presidiario por un mundo lleno de muerte y desierto nos hace recordar que el cine sigue siendo imagen y sensaciones.

6.- Helli
Me revolví en el asiento cuando la vi. Un compañero decía en tono de burla que Helli era como un videohome pero con presupuesto. Lo cual me parece muy acertado y nada ofensivo. Una cinta que habla de lo que habla el cien popular mexicano sólo que bien hecha.

7.- The Battery
Dos amigos, bajo presupuesto y los zombie como para pretexto para hablar sobre la amistad, la soledad y la supervivencia humana. Una chingonería.

8.-Serching for Sugar Man
Me encantó. Salí del cine emocionado. La historia improbable de un hombre improbable.

9.-The conjuring
Nada nuevo bajo el sol pero la película funciona muy bien y me recordó a aquellas funciones de mi adolescencia donde el miedo iba más allá de un chico con bajo presupuesto y ganas de filmar. Yo si extraño a los profesionales.

10.-Prisioners
Un thriller mainstream que sí está bueno. Hasta Hugh Jackman está a la altura de Jake Gyllenhaal. Una historia que funciona hasta el final, que nunca decae y que puede verse después y vuelve a funcionar.