lunes, 16 de febrero de 2015

La novia de Huodini, entrevista a Juan José Rodríguez.

El escritor Juan José Rodríguez.
Nunca nos habíamos visto. Lo conozco en fotos, de varias charlas a través de Facebook y de sus libros. El primero que llegó a mis manos fue Asalto en una Lavandería china, editado por Tierra Adentro. Ahí estaba ya su estilo de gran contador de historias, de gran conversador. A raíz de su nueva novela, La novia de Houdini (Océano, 2014), platiqué hace unas semanas con él. La cita fue en el restaurante de un hotel suizo. No podría haber mejor sitio para conocerlo.
Una fotografía de perfil de Juan José en mi celular era la pista para encontrarlo. Me asomé al lobby del lugar y me topé de pronto con un lugar agradable, repleto de fotos de la antigua Europa. Había también, algunas familias hablando en alemán. Al fondo, junto a un mesero correctamente vestido pero inverosímil a esa hora de la mañana, estaba Juanjo. La fotografía no le hacía justicia; no puede describir la vivacidad y los ademanes como de mago que tiene el escritor sinaloense.
Me siento en su mesa, que comparte con la encargada de relaciones públicas de Oceáno, pido un expreso cortado sintiéndome en alguna terminal ferroviaria de esa Europa unida por trenes. Lo sirven como debe ser, sin artificios ni preguntas estúpidas. Un café es un café.

Houdini es un personaje que nos ha llegado a todos, me dice ante mi primera pregunta…
Cuando era más joven había magos en la televisión. Estaba Chen kai (o Julio Hulises Hijuelos Cervera, fue un ilusionista yucateco que llegó a tener una fama inusitada en México y el resto de Latinoamérica. Es creador de muchos trucos de aparición de animales usados en la magia actual) un mago de mis tiempos que desaparecía tigres. Luego me enteré que su nombre significa “manos grandes” en Maya. Eso te dice que yo quería ser mago de niño. Tenía un libro de magia. Hacía trucos de baraja. Todavía hago algunos pero descubrí que no podía dedicarme a la profesión porque tengo las manos muy chicas, tengo manos de mujer.  Hace poco encontré que me engordaron. Me consolé diciendo que podía ser pianista o escritor. Ahora que estoy viendo a Cepillín en repeticiones me doy cuenta de cómo sacaba magos. Yo creo que veía magos callejeros y les ayudaba metiéndolos a Televisa.
Nos reímos. La magia, como el cine siempre ha sido de personajes trashumantes, le digo.
Es que era la única forma de escapar de la rutina. El cine de gitanos que se devoraron los videoclubs, era eso: un escape de la rutina en los pueblos. Yo no quería entrar en la polémica pero esto de los circos es muy triste (El Partido Verde, como una propuesta de campaña populista prometió prohibir el uso de animales en los circos, lográndolo en varias partes de la república, la ciudad de México entre ellos). Para muchas ciudades, como Mazatlán que no tenían zoológico, y demás comunidades, era la única posibilidad de ver animales salvajes. Un amigo mío, Gabriel Noriega, tiene un libro que se llama Un pueblo sin circos.  Es La Toba (ahora llamado Ciudad Insurgentes, está en Baja California Sur), un pueblo en medio del desierto, fundado por gente de todo el país que llegó en los 60. Un día llegó el circo de King Kong, que era nada más un robot. Pues allá se lo fregaron. Así ya no volvió ningún circo a ese lugar. Los boletinaron.
Entiendo que la gente cuida a los animales y, aunque se asusten de que están encerrados, sé que ellos no tiene la capacidad cerebral del ser humano. Ellos pueden estar todo el día encerrados y no se aburren. Pongamos un ejemplo, un cocodrilo que está encerrado en su hábitat sólo se mueve para comer un venado y luego egresa a su inmovilidad para deglutirlo. No tienen memoria a largo plazo ni otros sentidos humanos. Tienen instintos. Pero entiendo que se ha recurrido al maltrato en ocasiones. Digamos, un domador de leones no les pega con el látigo. Los guía con el golpe. Yo conozco un tipo que un día se robó dos elefantes.
Soltamos una carcajada.
Te cuento. Los animales, todos en general son educados en inglés. Este compa hablaba bien el idioma y así fue como se los robó. Los llevó el vato al faro de Mazatlán y los pobres elefantes se purgaron con agua de mar. Les dio gripa con el viento. Lo agarraron justamente cuando los iba a vender a otro circo. En Mazatlán llegan las camionetas en la madrugada con la fruta y la verdura. Se había puesto de acuerdo con uno transa en el mercado para llevarse al elefante en una estaquitas Nissan. Venían a media noche con los dos elefantes y la gente estaba dormida, pero los animales ya estaban agripados, así que uno estornudó. El elefante cuando estornuda su tropa se mueve como un látigo y el sonido es atronador. Así que rompió los cristales de la zapatería Díaz de la calle principal. Salió el velador con una cobija y una pistola de los años veinte y lo detuvo. Ahí lo agarraron. Esa será mi siguiente novela: El ladrón de elefantes. No, mejor, El ladrón del carnaval, porque se robó un carnaval entero.
No paramos de reír. El mesero sirve dos cafés más. Juan José está encanchado. Ya no es una entrevista. Somos amigos y estamos platicando. Hago bola la lista de preguntas que traía preparadas y le acerco más la grabadora.
El gran momento de la magia es en los años veinte. Eso sí, siempre hubo magos. En la novela comienzo desde el Éxodo. Cuando Aarón y Moisés van a ver al faraón hacen el truco de la serpiente. Es truco ya era viejo, digo para que el faraón lo hiciera es que ya era viejo. La magia se renueva cuando en el siglo XIX Robert-Houdin (Jean Eugène Robert-Houdin, era un relojero mago francés muy famoso en Europa, ídolo de Harry Houdini. Su nombre de pronuncia “Judán”) descubre el manual de magia y comienza a hacer aparatos. La magia moderna comienza con los aparatos. Los que usan los magos de Las Vegas son aparatos inmensos. Houdin cuando hace eso y Houdini lo imita, revolucionan todo. El mito del norteamericano es que hace la magia en lo cotidiano: sale a las calles y se va de los escenarios.
Magos como Harry Blackstone (Este mago era tan famoso que incluso tenía su propio comic y su radionovela: “Blackstone, el Mago Detective”), o Carter El Grande (vivió una rivalidad con el famoso escapista hasta que acabaron siendo amigos), son mejores que él. Houdini era mal prestigiador. Carter movía muy bien las barajas. Cuando Carter el grande se retira de los escenarios reconoce la a Houdini, porque hace que él lo desaparezca.
Houdini hace masiva la magia, y además, aunque lo toco tangencialmente en la novela, es se dedicó a desenmascarar a los espiritistas. A él no le parecía correcto que se usaran los trucos para engañar a la gente.
Juan José nos toma de las manos y nos muestra con habilidad inusual como hacían los espiritistas. Hace por medio de rápidos movimientos que su acompañante y yo quedemos unidos por las manos mientras él queda libre. Luego nos explica así podían manipular la luz y demás efectos. Incluso mueve la mesa con las piernas como si un fantasma lo hiciera.
Houdini sufrió mucho la muerte de su madre. Entonces se dedicó a tratar de contactar con ella sin suerte. Arthur Conan Doyle (Doyle era parte de una sociedad secreta llamada la Golden Dawn. Harry y él se hicieron amigos en una gira europea del escapista, pero acabaron peleándose por sus posiciones encontradas frente al espiritismo. Pese a que su personaje, Sherlock Holmes, era por demás brillante, Doyle era un crédulo de lo peor. Incluso fue engañado por un par de niñas que aseguraron fotografiarse con hadas) y su esposa conocieron a Houdini y le hicieron una sesión espiritista. La esposa de Doyle supuestamente era médium e hizo como que se posesionaba de ella la madre. La mamá del escapista no hablaba  inglés y ahí fue como se dio cuenta que era solo un engaño.
Houdini hizo un pacto con de muerte su esposa que consistía en que quién moría primero debía darle una clave secreta: la canción de novios de ellos, Rosabel. Obviamente a la canción él le cambió la letra. En Halloween hacen una sesión espiritista pero hasta la fecha nadie ha dicho la clave.
Se dice que Harry Houdini se puso así por otro mago, ¿verdad?
Houdini era húngaro, de Budapest. Él se pone este nombre en honor al gran Robert-Houdin. Harry tomó su apellido y lo escribió fonéticamente como lo pronunciaría un judío.  Se dice que Robert-Houdin comenzó siendo mago porque se equivocaron al mandarle un libro de magia, lo cual menciono al principio de la novela. Él era un tipo muy burgués, muy casero, muy tranquilo. Cuando recibe este libro comienza a hacer los aparatos. En la novela describo uno que aparece naranjas y demás cosas. Ese aparato existió realmente. Empezó a usar las técnicas de relojería minimalista para su beneficio. De hecho él paró una guerra. Lo mandaron a Argelia entre los jefes tribales y comenzó a hacer trucos. Los jefes tribales se dieron por vencidos antes de pelear cuando se percataron que no podrían con esa magia. Hizo una caja imantada. Le pedía a un hombre muy fuerte del bando argelino que se acercara para cargarla y claro está, no se movía. Accionaba un interruptor y el soldado francés la levantaba sin esfuerzo. Y peor aún, si la tocaba un soldado árabe hacía que le diera toques. Es un hecho demostrado.
Hubo un mago en los 40 que desapreció una ciudad (Jasper Maskelyne, era ese personaje). No lo pude poner en mi novela porque los hechos que narro suceden antes. Era una urbe de la costa de África, cuando esta la campaña nazi de Rommel. En las noches apagaban la ciudad y prendían otra en un promontorio similar. Entonces los bombarderos alemanes soltaban sus armas en ese punto. El día D hizo otro truco, puso tanques inflables. Parece que hay otra magia que no se han revelado. Estos lo hicieron porque los alemanes los descubrieron después.
Nos podrías contar un poco la trama de tu novela…
La hija de Houdini es la historia de un cuate que se va siguiendo un grupo de vagabundos, enamorado de la chica guapa, Florisa, la novia de Houdini. Andando al camino cambia su vida. Se da cuenta que no son gitanos, sino gente de mundo. Descubre que quieren robar el diamante Hope (Se ha vuelto legendario por la maldición que alcanza a sus poseedores. Todos han muerto de maneras diferentes), el diamante azul de Francia. Ya que llegan se hace un relajo de traiciones, semejante a El Halcón Maltés.
Yo he trabajado como director de cultura, he estado en el carnaval, he hecho cine desde atrás, giras de teatro como carpintero. Una obra mía giró por varios lados y pese a que era el autor, yo llevaba las herramientas de mi papá para trabajar. También fui director del Ángela Peralta por una temporada. Tuve a mi cargo 90 personas. Sé lo que es andar con un grupo de locos viajando, haciendo cosas, con dinero sin dinero, te peleas, los amas, andas con una mujer, con otra. Conozco ese mundo y me gusta. Nunca trabajé en un circo pero sé lo que se siente andarle paleando la caca a los elefantes. Todo eso lo quise contar en la novela. El personaje es muy tímido y cambia.
Tú lees la prensa de la época y te das cuenta que éra una locura. Había magos, adivinadores, luchadores. La gente siempre va a querer comprar la esperanza. Sea un mago vestido de chaquira o un político vestido de guayabera.

Soltamos una risotada todos. La chica de Oceáno se disculpa. Vemos la hora. Juan José y yo seguimos platicando. La grabadora sigue haciendo su trabajo pero decidimos dejar la entrevista formal hasta ahí. El mesero se acerca con miedo y tomo el cuarto café. Juan José ríe y el tiempo sigue su marcha.

Hamburguesa de realidad, entrevista con César Silva Márquez

César Silva Márquez no es todavía un nombre que suene con constancia en las letras mexicanas recientes, aunque su obra narrativa lo vale como un escritor muy interesante. Las razones pueden ser muchas, pese a nacer en Ciudad Juárez vive desde hace algún tiempo en Xalapa, capital del estado de Veracruz, lo cual de cierta manera lo margina del centro y al mismo tiempo del hip que han tenido los escritores norteños de Tijuana, la región de La Laguna y Monterrey. Tal vez otra posible razón sea que la obra de Márquez se divide entre la poseía y la novela. Tal vez este trasvase de géneros entre el universo poético y el narrativo haga difícil para los críticos ubicarlo en un sitio; eso aunado que en nuestro país narrativa y poesía son muchas veces mundos contrarios y contrapuestos.
Sin embargo, César Silva Márquez ha despuntado en ambos. Su primera novela Los cuervos (FETA 2005 y ganadora del premio binacional Frontera de palabras) marca ya muchas de sus constantes narrativas: el juego de tiempos y personajes; las digresiones; una violencia constante que, sin embargo, nunca es gráfica o grotesca; y una frontera salvaje y desesperanzadora.
El narrador y poeta César Silva Márquez (Chihuahua, 1974).
El narrador y poeta César Silva Márquez (Chihuahua, 1974).
La novela Juárez Whiskey marca el inicio de su colaboración con la editorial oaxaqueña Almadía. Juárez Whiskey es un recorrido por Ciudad Juárez sin caer en la explotación del narcotráfico que actualmente hacen muchas editoriales mexicanas. Es con su más reciente novela La balada de los arcos dorados que Márquez se adentra completamente en el género negro, desarrollando dos figuras claves: el policía y el periodista investigador. Sin embargo, fiel a su narrativa, su relato está lleno de digresiones, de razonamientos que provienen de una atenta visón de la realidad cotidiana, de incursiones a la cultura popular más común y una realidad que se nos restrega en la cara.
Con la salida de su nueva novela en la colección negra de Almadía platicamos brevemente con César Silva Márquez en un bar de la colonia Roma.

-Tus novelas siempre parecen romper el tiempo, La Balada de los Arcos dorados no es excepción. No es una novela negra típica, ¿eso es lo que buscabas?
Tienes razón: buscaba escribir una novela negra atípica. Creo que la novela es más una novela de drama con tintes de novela negra.
-En La balada… hay mucha cultura pop: hamburguesas, papas, comics. Es como si los personajes vivieran inundados en una cultura desechable.
Creo que todos estamos sumergidos en la cultura pop, no podemos safarnos tan fácil y eso es lo más interesante. Cómo hacer que una hamburguesa o Jackass tengan un sentido, quizá, más allá de lo que son. ¡Arriba los Oxxos y las Sabritas!
La novela lanzada en este 2014. Foto: blog oficial.
La novela lanzada en este 2014. Foto: blog oficial.
-Hay una violencia presente que se respira por toda la trama, una violencia que va más allá de los asesinatos. En ese sentido me recordó a Cormac McCarthy, ¿es cierta mi sospecha?
Cormac McCarthy, lo he leído con mucha atención y me gusta mucho. Es de mis escritores favoritos: Meridiano de sangre, la trilogía de La frontera, La carretera y sobre todo No es país para viejos, de ahí el epígrafe que utilizo. Incluso la mamá de Luis (uno de los personajes) en su club de lectura está leyendo No es país para viejos. Así que sí es cierta tu sospecha.
-Es sabido que en la novela negra “la arquitectura” del texto es muy importante, ¿cómo planeas una novela que tiene tantas digresiones y deja algunas cosas sin resolver?
Se planea la trama principal y sobre ella construyes las capas. Si ves que está siendo opacada, entonces regresas y ajustas.
-En las publicaciones del periodista Luis Kuriaki, protagonista de la novela, hay un deseo de negar la realidad: vampiros, zombis, pero nunca ejecuciones, ¿eso pasaba antes de la llamada guerra contra el narco?
Creo que eso siempre ha pasado, hay más cosas que se saben y se mantienen ocultas, esto antes o después de la guerra. Y estos zombis y vampiros fueron una alegoría a lo absurdo que sucede en la vida real, sean de narcos o corporaciones.
-Julio Pastrana es un gran personaje, policía duro que arregla las cosas por las buenas, pero la mayor parte del tiempo por las malas. En él hay algo de Ellroy, ¿me equivoco?
No te equivocas. Ellroy está ahí (Sangre en la luna), aunque Cigurh (creo que así se escribe), el malo en No es país para viejos, es la inspiración inicial, entre otros.

César -moreno, bien plantado, siempre sonriente- me dice sobre Álvaro Obregón: hasta aquí llego. Me da la mano y nos despedimos.

El contador de historias, entrevista con Francisco Haghenbeck

El novelista y guionista de comics oriundo de la Ciudad de México.
Francisco Haghenbeck -Paco, para sus muchos amigos- no podría dedicarse a otra cosa que no fuera escritor. Tiene la pinta y el oficio, del cual muchos adolecen. Es lo que los norteamericanos llaman un storyteller, un contador de historias. Lo ha hecho de muchas maneras: como guionista de cómics lo mismo en la enorme DC comics, que en una edición de autor ¡que él mismo dibujó!; pero principalmente como narrador de novela negra. Dos obras suyas se han vuelto icónicas en nuestro país: Trago amargo y El caso tequila, protagonizadas por su pintoresco detective alcohólico Sunny Pascal. Haghenbeck es un conversador nato, un hombre amable y que tiene una visión crítica del estado actual de la literatura mexicana. Su más reciente novela es En el crimen nada es gratis, publicada por Ediciones B México.

-Vienes regresando de Buenos Aires, ¿cómo es la escena de la novela criminal en Argentina?
Mucho más robusta que en México. En Argentina, como en España, es un género por sí mismo, cultivado por grandes nombres durante años y fortalecido por un grupo de lectores fieles que gustan de buenos libros. Es un grupo compacto, pero amplio de escritores noir, desde consagrados hasta muy jóvenes. Pero todos venden relativamente bien. Lo que más admiro fue la gran demanda que poseen esos libros para hacer adaptaciones al cine, a diferencia de México, los directores son buenos consumidores de libros y buscan una buena historia para plasmarla. De ahí el secreto de buenas cintas como El secreto de tus ojos y la divertida Nueve reinas.
-¿Crees que algún día el noir tenga la misma fuerza y el prestigio en México como lo tiene en España, Francia o Argentina, por mencionar tres países?
Así lo espero, porque vivo de eso. Creo que el gran secreto es tener una plantilla de escritores sólidos sobre el tema. Se está logrando, con gente como Imanol Caneyada, Hilario Peña, Elmer Mendoza, entre otros. Pero los otros escriben un libro noir o policíaco como pretexto, pero en verdad desean hacer “alta literatura”. Mientras existan esos travestis literarios lo veo difícil, pues al lector no se le engaña. Sabrá que el libro no es un policíaco como tal, y que tendrá ínfulas de la “intelectualcracia” mexicana. También, por otro lado, están escritores como yo o Bef, que amamos este género, pero hacemos otras obras, sin quitar nunca el pie del renglón. Sólo con una audiencia sólida, con lectores fieles, se logrará un panorama positivo.
-¿Cómo ha sido el recibimiento de La primavera del mal en los lugares donde lo han publicado?
Sólo ha sido publicada en México, España y Argentina. De Argentina recibí buenas señales, esperando que el tema y estilo enamore a nuevos lectores. España está pasando por una situación difícil a nivel editorial, aunque la crítica fue muy buena con el libro, no espero grandes resultados. Me hubiera interesado ver más reacciones en Estados Unidos, pero seguimos buscando un editor.
-Eres imparable, Paco. ¿Cómo haces para dedicarte a tantas cosas: cómics, novelas, libros para niños…?
Amo escribir. Es el mejor trabajo del mundo. Mi vida es tan, pero tan aburrida, que los mundos literarios creo que le dan picor a ésta. Soy realmente un nerd encerrado sin ínfulas de genio de literatura o posible mejor secreto guardado de la “intelectualcracia” mexicana. Me gustan los libros, me gusta escribirlos, pero sobre todo me gusta leerlos. Mientras alguien los siga leyendo, yo seré feliz.
-Corre el rumor de que Trago Amargo podría ser filmada.
Sí, es un hecho. Y cada vez más cercano. Lo habíamos mantenido en secreto hasta que el director lo anunciara, pero ahora parece que va a cuarta velocidad y corriendo a todo lo que da. Ya se posee un productor americano, de mucho renombre. Al igual que algunos productores importantes. No tardará el director Sebastián del Amo en buscar el casting correcto. De entrada, parece que Sunny Pascal caerá en manos de la nueva estrella de Cantinflas, Jaenada.
-Tu más reciente novela, En el crimen nada es gratis es una locura: hay un chango a tope de cocaína, mafia rusa, chicana, negra y un comediante en medio. ¿Es el nuevo tono que tomas?
Al contrario, es el viejo tono. Es una historia antiquísima. Creo que fue la primera que al leerla, me dije: okey, este tono me gusta. Creo que puedes ser escritor. Pero en ese entonces era un guión de comic para Vértigo que nunca se concretó, con arte del gran Raúl Treviño. Por años esa historia rondó en mi cabeza, lo que más me gustaba era que era narrada a manera de Stand Up Comedy, un monólogo donde el narrador podía romper el cuarto muro y hablar de tú al lector. En ese entonces, finales de los 90, principios del siglo, venía muy influenciado por Guy Ritchie, creo que aun se sigue sintiendo ese tono. Por mucho, creo es mi obra más divertida. Podría ser una gran película.
-Es totalmente cinematográfica, absurda y divertida. La ciudad me recordó a la que aparece en un juego viejo de Capcom, “Final Fight”. Es un sitio con metro, con pandillas y sus bajos fondos y se asemeja a Nueva York, Los Ángeles o cualquier ciudad ficticia medio americana. ¿Los críticos entenderán el chiste?
¡Uf! No tengo idea que entiendan o no, inclusive no sé si a mis lectores comunes les guste. Es un vuelco en tono y temática, pero era necesaria después de darle tres años de mi vida a La Primavera del Mal. Realmente es un libro con el que me di gusto a mí mismo, algo parecido a lo que hice con El diablo me obligó. Creo que es lo más similar al tono. Al principio, recibí criticas por El Diablo, pero al final gané el premio Nocte de la asociación de escritores de terror de España para mejor novela extranjera. Algo hice bien a fin de cuentas.
-¿Qué proyectos tienes ya en puerta?
En marzo, o meses después, seguirá mi otra novela “grande”. Mucho más en la línea y tono de La Primavera del mal. Es igual que ésta, un noir, aunque es más policíaca, pero posee mucho de novela de guerra, un género olvidado en México, por la sencilla razón que no tenemos guerras (al menos no con otros países). Se llama Querubines en el infierno y es la historia de un grupo de jóvenes pachucos en Los Ángeles en 1943 que sufren el ataque racista más descarado en Norteamérica. Los Zoot Suit Riots son envueltos para enrolarse en la guerra, en especial en el famoso Batallón 141, Unidad E del 36, los TPatch, un grupo compuestos sólo por mexicanos, conocidos como “los soldados de a huevo”. Ellos desembarcaron en Salerno y fueron carne de cañón en la infamia del Río Rápido en Italia. Los soldados latinos en la Segunda Guerra es un tema que me gustaba contar, pues poseía dos frentes: los soldados y las cientos de miles de mujeres que construyeron los aviones para ganar la guerra, la Rositas, las ribeteadoras, como eran conocidas. Posee una gran investigación detrás.

Por otro lado, en septiembre saldrá mi primer libro juvenil, en la línea de los libros como Juegos del Hambre, Crepúsculo, etc. Se llama La Doncella de la Sal y sucede en la guerra de los 30 años en Austria desde el punto de vista de una joven virgen que es escogida para capturar a un unicornio, siendo acechada por el Golem, vampiros y seres oscuros. Muy entretenida, pero con mucha historia.

El sobrino favorito del tío Bill, entrevista con Bernardo Fernández BEF.

BEF 
Hace unas semanas apareció en librerías una novela gráfica que venía produciéndose desde hace tiempo. Incluso hace un año, para no ir más lejos, mientras se celebraba el centenario de William Burroughs, Bernardo Fernández, conocido como BEF, compartía mesa con J. M. Servín y mostraba adelantos de su trabajo. Publicado por Sexto Piso y con un inusitado éxito, Uncle Bill, el libro homenaje al mentor de la Generación Beat y drogadicto favorito de todos, por fin fue presentado en sociedad en el cumpleaños número 101 de William Burroughs.
Luego de perseguir durante dos semanas a BEF, que desapareció bajo el peso de la promoción de su nuevo libro, lo atajo a la salida del evento de su libro en el Museo del Chopo. Así que mientras su editor, Eduardo Rabasa, le dice que lo esperaba en cierto lugar para ir a festejar la enorme fila de autógrafos que se formó una vez acabada la presentación, yo enciendo mi grabadora y lo acribillo a preguntas.
-Desde el principio juegas con la conocida anécdota del asesinato de Joan, la esposa de William Burroghs, jugando al Guillermo Tell.
A partir de que se publicó La bala perdida (escrito por Jorge García-Robles, el especialista de los Beats en México) apareció un libro sobre él en Texas del que se sabía muy poco y dos o tres más que se fueron agregando a mi investigación. Desde un principio lo que no quería era adaptar en cómic La bala perdida. Así que mi historia iba a tener otros elementos, entre ellos la parte autobiográfica, que deseaba fuera la historia de un lector genérico que se enamora de su autor favorito. Cualquiera que ha tenido esa fascinación y deseo de estar cerca de alguien a quien nunca va a conocer. Esa clase de cosas son las que yo quería aportarle al Uncle Bill. No quería quedarme en lo meramente anecdótico.
-BEF se pone el cinturón de seguridad de su camioneta. Arranca y continúo con las preguntas. Es muy común en otras partes del mundo lo que podríamos llamar Biopics, pero en México brillan por su ausencia.
Se llamarían biomics, ¿no? Pero sí, incluso hay una de Rulfo en Colombia y en Estados Unidos muchas.
-Pero aquí el peso de tu vida es casi tan importante como la del personaje.
Yo no quería eso -responde mientras nos incorporamos a Insurgentes-. Cuando comencé a meter la parte biográfica quería que fuera como un personaje genérico, le ponía mi cara porque era más fácil para mí, pero no quería lucirme o cosas por el estilo. Se me salió de las manos. Creo que es lo más confesional que he escrito. Lo que quería no era contar mi vida sino la de cualquier lector. Además quedó lindo, porque siento que es una carta de amor a la lectura.
-Va más allá de contar tu historia y la de Burroughs. Es en realidad la historia de la fascinación de un lector con un autor idealizado que incluso lo impulsa a viajar a Tanger.
A viajar, a descubrir, a investigar y a, finalmente, escribir un libro sobre su autor. Yo creo que esa es la magia de la lectura, esa conexión, que tal vez sucede en otros medios pero creo que aquí se vuelve diferente. Yo te puedo decir que Burroughs no es mi escritor favorito, es Kurt Vonnegut. Pero Burroughs me marcó para toda la vida por leerlo de muy joven. Además mi obra no es nada burroughsiana. Su estilo de escritura es muy difícil de copiar.
-Se puede copiar lo rulfiano, lo bukowskiano pero no su forma de escribir. (La noche está tranquila. Avanzamos sin problemas por Insurgentes).
Sí, hasta incluso Kerouac muy fácil de imitar, pero a él no es fácil.
-Otro personaje que está ahí siempre presente es la Ciudad de México. No recuerdo quién dijo que en ese tiempo, los cuarenta, era como París o Londres en su esplendor. A México en ese tiempo llegaron muchos visitantes.
Sí hasta está establecido un ciclo de visitantes distinguidos que empiezan con Aleister Crowley, D. H. Lawrens, Tamara de Lempicka, Tina Modotti. Yo creo que sigue siendo una ciudad prodigiosa, pero está llena de contrastes. Es una ciudad con una oferta cultural, emotiva y un dinamismo que sólo se compara con Los Angeles o Nueva York. Es una capital mundial en muchos sentidos, tal vez por eso es tan seductora. Lo que quería hacer era pagar una deuda del cómic mexicano con la ciudad. Está pendiente hacer el gran cómic sobre la Ciudad de México. Quería que el personaje omnipresente fuera ella.
-Aparte se nota que hay un trabajo de búsqueda de la iconografía de la urbe. Hay un momento de la novela en que haces un collage de fotógrafos, actores, artistas…
Es que en aquel momento era aún más seductora. Con eso quise rescatar ese momento. Eso que Burroughs no supo apreciar. No tuvo la cercanía y no le importó empaparse a fondo de la cultura, ni siquiera aprendió a hablar español bien. Pasó de largo por uno de los momentos más espectaculares de esta ciudad. Él no se dio cuenta de que estaba un momento prodigioso.
Insurgentes se nota ya bullicioso. Autos van y vienen, la gente compra cerveza o se mueve a los lugares para celebrar.
Uncle Bill_BEF_Portada
-Incluso Burroughs se ve minimizado por personajes como el famoso aboganster, Bernabé Jurado.
Es que qué personaje. Es un tipo brutal, brutal. Yo de Bernabé Jurado me entero leyendo a Jorge García-Robles. Y se roba la novela pareciendo un momento muy breve.
-Le das un lugar muy especial al hacer “Las aventuras de Bernabé Jurado”.
Es un homenaje a la tira cómica. Hice un montón de guiños visuales de ese tipo. En el capítulo donde habla Herbert Huncke aparecen Dick Tracy, Popeye, Archi y Torombolo, Evon el negro de Spirit. Hay muchos huevos de pascua, tanto en lo que dibujo como en lo que escribo, lo lleno de huevos de pascua. Es como una broma privada. Esta vez no fue la excepción.
Nos encontramos con un control de alcohol. Los autos se apelotonan queriendo escapar. BEF no ha bebido nunca en su vida. Es la primera vez que me siento completamente seguro con alguien al volante mientras los policías nos cortan el paso.
-En la novela juegas con muchas formas de contar. Es como si en una película cambiaras la cámara, aquí la cuentas como tira cómica, como chiste de Playboy. ¿Así era el plan?
Cuando escribo lo hago así. Yo quería mantener esas voces múltiples. Buscaba variar las maneras de narrar. El capítulo de Herbert Huncke no tiene casi viñetas porque es un viejo con recuerdos muy difusos. Por eso echo mano de la primera persona, en otro capítulo caigo en la caricatura del New Yorker, que es de donde sale esta tradición del chiste breve. Incluso copié totalmente el estilo de Peter Arno, que es uno de los fundadores del New Yorker. Luego me enteré que era el caricaturista favorito de Burroughs. Cuando estaba haciendo ese capítulo, me di cuenta que no hay un catálogo de Arno. Todo está fuera de imprenta. En un bazar de antigüedades de la Doctores me encontré tirado en el suelo un libro de Peter Arno. Comenzaron a suceder esas cosas. Esas peculiares coincidencias.
-Los gringos son muy dados a exagerar, a decir “la pelea del siglo”, “La serie mundial”, pero creo que desde que decae el cómic industrial en México y se hace de manera independiente hay sólo un momento muy importante: Operación Bolivar, de Clement, y creo que ahora tú llegas a elevar la apuesta. ¿Querías hacer la mejor novela gráfica de nuestro país?
No específicamente pero sí me interesaba que fuera un hito. Siempre que escribe uno se tiene la aspiración de que sea algo ya ni siquiera que importe, sino pertinente. Cuando comencé la novela deseaba que se convirtiera en un referente de los cómics en México. No sé si lo voy a lograr pero ese quiero. Yo lo planteé desde los cómics porque en literatura hay mucho, en lo gráfico hay muy poco. Es un campo fértil para trabajar y construir. En la tradición anglosajona sería una más, pero aquí sí logra ese impacto de lo novedoso ya que existen pocos referentes.
Aunque no estoy solo, está Patricio Betteo con Mundo invisible, Tony Sandoval, pero sus esfuerzos se han quedado en el mundo del cómic, que es muy lindo pero muy limitado. El autor es el que menos debe pensar en la trascendencia de su trabajo pero espero sea un detonante para que otras personas hagan obras de largo aliento.
Baja el vidrio, el policía se le acerca y ve que voy con mi grabadora levantada cerca de la cara de BEF y nos da el paso.
-Además, agregas a la autobiografía.
Sí, mi modelo era Santa Evita, de Tomas Eloy Martínez. Te va contando la historia de Evita de una forma muy bella pero muy esperpéntica. Al mismo tiempo te narra cómo escribió el libro y las paupérrimas condiciones de su vida, al grado que cae en depresión. Ese era mi modelo.
-Tú como personaje eres una contraparte perfecta para Yunkie de Burroughs, le digo, entonces frente a nosotros aparece Leonardo Tarifeño caminando con tranquilidad justo cuando cruzamos Reforma. ¡Mira!, grita BEF, es Leonardo Tarifeño. Lo vemos pasar como lo hizo Marsellus Wallace delante del auto de Butch. No decimos nada, nos quedamos callados.
Sí era Tarifeño pero no le hablé. Me dio pena. Retomando, yo no me meto nada pero, ¿habrá un drogadicto más famoso que él en el siglo XX? Borracho es Bukowski, pero drogadicto es él.
-Además es un personaje muy conocido pero poco leído.
Es más personaje que autor. Es su drama, es un gran autor sin embargo su mito lo devora. Todo eso opaca la obra. La anécdota del asesinato, esa relación con las drogas, su homosexualidad criminalizada, todo contribuye a crear un mito pero no a que se lea. A él le pasa justo igual que a los poetas malditos. Son más la leyenda que la lectura de su obra. Yo esperaría que mi libro sirviera para acercar lectores a Burroughs.

Encontramos un cajón de estacionamiento. Apago la grabadora y seguimos hablando sobre las ventas de los libros de Burroughs, sobre las apretadas semanas que se le vienen. BEF lleva más de 15 años trabajando sin parar, siempre con el mismo esfuerzo. Hoy muchos años después está disfrutando eso que sembró.

domingo, 15 de febrero de 2015

El poder y la palabra, entrevista con Patricio Pron



Patricio Pron es uno de los autores argentinos con más proyección en el mundo de habla hispana. Ha sido traducido a media docena de idiomas entre ellos inglés, el alemán, el francés y el italiano. Por desgracia en nuestro país apenas comienza a conocérsele. Como periodista, oficio que heredó de sus padres, recorrió Europa, los Balcanes, África del Norte y Turquía en el año 2000 como corresponsal del diario La Capital, de su país natal. Sus colaboraciones pueden leerse en El País de Montevideo y ABC, así como en las revistas deOccidente, Quimera y Letras Libres (España), que reúne su blog personal hospedado en el prestigioso sitio web www.elboomeran.com.

Pron sabe mezclar a partes iguales la fiereza de un escritor marginal con el oficio y la vasta cultura de un escritor culterano. En su narrativa mezcla lo autobiográfico con juegos literarios, creando relatos explosivos y mordaces. Sobre su más reciente libro hablamos vía electrónica.


Posiblemente sea así. Entre “El comienzo de la primavera” y “El libro tachado” hay un período de seis años y cinco libros, y supongo que la pregunta acerca de qué significa ser un autor (y por qué razón lo soy yo, qué vínculos hay entre la literatura y la vida, cuál es el ámbito de intervención, el territorio, de la literatura) es una pregunta que me he hecho muchas veces en ese tiempo. Quizás haya escrito esos cinco libros, y especialmente “El libro tachado”, para intentar respondérmela, sólo para descubrir que la pregunta no admita una respuesta simple.-Hay una cosa que siempre he criticado: el escritor que habla sobre escritores. Sin embargo, en tu obra lo llevas más allá del romanticismo facilón. Lo conviertes en una búsqueda para saber qué significa ser autor. Mi impresión es que El comienzo de la primavera es la base en donde descansa tu más reciente libro, El libro tachado…
-En tu libro de relatos La vida interior de las plantas de interior hay cuando menos dos cuentos donde ahondas en el mundillo literario con críticas severas: una a los concursos literarios y otro a la envidia que produce el éxito. ¿Cómo han sido recibidas estas historias? ¿Has escuchado críticas?
No, no realmente. Las personas que dieron origen a esos cuentos (porque están basados en historias reales) prefirieron fingir que no los habían leído y quienes dijeron leerlos no se identificaron con sus personajes porque nadie quiere identificarse con personajes mezquinos o fracasados, lo cual me parece muy razonable y es la causa por la que escribí esos cuentos en primer lugar.
-En este mismo libro hay un relato donde un joven escritor comparte edificio con un autor a quien él admira. Esta convivencia sin convivencia modifica para siempre la vida del novel narrador. ¿Es el escritor una especie de mago? ¿El uso de la palabra puede cambiar tanto la existencia de quienes rodean a un autor?
En relación a la primera pregunta, yo invertiría la afirmación para decir que todo acto de magia es un acto narrativo, cosa que, por lo demás, es bastante evidente. En cuanto a lo segundo, la respuesta es sí, nuestra relación con las personas que nos rodean cambia bastante cuando en ella participa la literatura, que es una de las causas de numerosos divorcios y accidentes. Pero también se puede aprender de un escritor, y yo he tenido la suerte de que algunos a los que yo consideraba mis maestros me permitieron vivir cerca de ellos y aprender a su lado durante un tiempo: todo lo que he hecho desde entonces es tratar de demostrarles que su generosidad y su ejemplo no han sido en vano.

¿Cómo fue el proceso de creación de El libro tachado?
Un proceso muy placentero, surgido de dos incomodidades (con el ensayo reciente en español, que ha perdido buena parte de su capacidad para establecer un diálogo provechoso con el lector, y con las voces que auguran la “muerte” de la literatura) pero nada incómodo en sí mismo porque, al revisar mis notas y mi diario de lecturas en busca de noticias acerca de esa supuesta “muerte”, lo que encontré fue que en los últimos diez años, y sin saberlo, no había hecho más que leer sobre el tema. A partir de ese punto, todo consistió, no en saber qué argumentos utilizar para apoyar mis hipótesis, sino cuáles dejar de lado, y cómo escribir un libro que pudiera o pueda ser leído de cuatro o cinco formas distintas, como sucede con “El libro tachado”.
-El libro parece inabarcable. Es un libro que lleva a otros libros en una especie de laberinto, aunado a todas esas notas a pie de página. ¿Esa era tu intención?
Sí, mi intención era que el libro supusiese un descubrimiento para algunos lectores y que esos lectores pudiesen hacer los suyos propios tirando de alguno de los muchos hilos que se le ofrecen. Siempre me han gustado los libros que no se agotan en sí mismos, sino que permiten a sus lectores continuar “viviendo en ellos” mediante la investigación posterior; me parece que esos son libros cuyos autores han sido generosos, y quise que también el mío libro fuera así, una casa o al menos un refugio para algunos lectores en tiempos que no son buenos pero tampoco parecen mejorables, al menos para la literatura.
-En el primer capítulo tocas el tema de las máquinas de hacer poemas. Los generadores de memes son como los parientes digitales de estas máquinas. Una frase inocua puesta en una foto de Cortázar la vuelve póstuma. ¿La gente de ahora es más crédula que la de antes?
No lo creo. Más bien pienso que hemos llegado a un punto en el que, por una parte, es imposible reconocer ya si los textos que leemos han sido escritos por un autor real o por una máquina, y, en segundo lugar, nos vemos incapacitados para reconocer qué es real y qué no lo es. Los “memes”, las “autofotos” o “selfies” son intentos más o menos exitosos de tratar de estar al corriente de “lo que pasa” e inscribirnos en una sucesión de acontecimientos, pero esa sucesión sólo es real en el historial de un navegador, en el muro de Facebook o en el “timeline” de cualquier otra red social, al tiempo que la vida sucede en otro sitio, de tal forma que toda esa producción textual (toda esa “literatura” en sentido amplio) es producida y consumida de espaldas a la vida y con una relación precaria con ella. “El libro tachado” es, también, un intento de alertar acerca de este estado de cosas.
-Al terminar el capítulo de las falsificaciones y plagios me quedó la sensación de que cierta manera son también artistas. El caso Nahuel Maciel es paradigmático. No cualquiera puede ser un plagiador y mentiroso con éxito. ¿Tiene algún tipo de mérito estos sujetos?
Por supuesto. En mi opinión, el plagio funciona como línea demarcatoria del ámbito de lo posible en la literatura en un momento histórico específico u otro, así que los autores que plagian, con mayor o menor talento, nos obligan a recordar que nuestras convenciones literarias son el producto de un consenso que puede y debe ser puesto en cuestión en todo momento. Los plagiarios, por decirlo así (ya que no estoy muy seguro de que lo que hagan sea “plagio” o de que se pueda hablar de plagio en ciertos casos), son invitados a cenar que ponen los codos sobre la mesa, lo cual es una descortesía pero también una forma de comer como cualquier otra.
-¿Qué escribes ahora?
Una novela que forma dúo o díptico con “El libro tachado”, pero esa novela es todavía una posibilidad y yo siempre prefiero hablar de hechos.

Entrevista aparecida originalmente en Letras Explícitas

Entrevista con Imanol Caneyada, autor de Las paredes desnudas


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Conocí a Imanol Caneyada bajo el sol desquiciante del mediodía en Hermosillo. Resguardados en uno de los edificios de la Unison esperábamos la siguiente mesa del encuentro de escritores Horas de Junio. No lo había leído pero varios amigos ya me habían hablado de manera halagadora de su prosa. También me habían contado del “desliz” de su nacimiento. Cuando lo vi supe de antemano que ese hombre era norteño (bien parado, cara levantada, orgulloso) y español (el nombre y los rasgos faciales). Pasarían unos meses para que lo leyera y confirmara lo que decían de él. Cuando Caneyada me dijo vía electrónica que Suma de Letras preparaba la salida de su nueva novela pedí ser de los primeros en leerla. La historia de un boxeadora venida de los cinturones de miseria, que hace mancuerna con un gordo cobarde para lanzarse a la búsqueda de su hermana secuestrada me pareció al momento lo mejor que ha hecho el sonorense. Las paredes desnudas, se llama y es una novela rara para esa colección de grupo Santillana que se decanta por historias de consumo rápido. Nos quedamos de ver en Polanco. La chica de relaciones públicas nos presentó poco antes de que nosotros nos diéramos un abrazo. Tonteamos un poco, él con una cerveza y yo con un café. Entonces prendí la grabadora.
Iván Farías (IV): El narcotráfico ha eclipsado este otro gran delito que es la trata de personas. ¿Cómo te preparaste para escribir Las paredes desnudas?
Imanol Caneyada (IC): En el 2008 por mi trabajo periodístico tuve acceso al testimonio de una chica que había escapado a una red de trata de personas. La verdad fue escalofriante y brutal; me cambió el concepto que tenía de la prostitución, del negocio del sexo y desde entonces no dejé el tema. Me empecé a topar con él en diferentes circunstancias, comenzó a surgir más información, lecturas, conoces gente. Gracias a mi trabajo puede entrevistar a dos personas que están en el lado del rescate de hombres y mujeres con fines de explotación sexual. A partir de ahí yo quería hacer algo con ese tema porque es un delito que no es tan relevante a nivel mediático, como el narcotráfico. Incluso fue tipificado hasta hace un par de años. Hay muchos estados donde no hay legislación. Una doctora del Colegio de Sonora que capacita a policías y ministerios público para que entiendan el delito, me decía que en estos cursos se había dado cuenta que los MP y los policías habían tenido frente a sus narices delitos de este tipo, pero por lo complejo que es no tenían la capacidad ni las herramientas de identificarlo como un crimen.
Aparte, las víctimas son también perseguidas porque están cometiendo un delito que es la prostitución. La esencia de la trata de personas es la esclavitud, por eso es brutal. En lo personal, me parece más terrible que se comercie con seres humanos, a que se comercie con sustancias que un día, a fin de cuentas va dejar de ser prohibidas.
Todo eso me hizo encontrarme con un mundo muy cabrón. Además coincide que en Europa también “descubren” que detrás de los anuncios de los periódicos se esconde este negocio. En España cualquier periódico de provincias tiene tres páginas de contactos sexuales. ¡Es impresionante! Orientales, rusas, francesas, divorciadas calientes. Es en ese momento cuando las autoridades descubren que detrás de estas páginas no hay mujeres que van libremente a poner el anuncio y ejercer la prostitución, -lo cual sería totalmente respetable-, sino que son mafias de Europa del este que traen mujeres esclavizadas.
En España hubo una iniciativa para prohibir estos anuncios pero entró eso de la libertad de expresión y no pasó nada. En los periódicos europeos se siguen anunciando masivamente servicios sexuales de todo tipo. En México hubo también un escándalo, como por contagio, pero igual no pasó nada. Con todo esto la historia desde el punto de vista temático se fue armando.
IF: Eso es el tema de Las paredes desnudas, pero en tu novela se advierte la intención de contar algo, de que haya un enigma y la gente lo resuelva con los personajes.
IC: Claro, una cosa es tener un tema y otra muy diferente escribir una novela. Cuando me senté a escribir sí procuré que el tema quedara en segundo plano. Me concentré en construir una historia y una serie de personajes, una historia que tuviera varias lecturas. Una de ellas fue la de la miseria. Que México sea el segundo lugar en trata de personas tiene sus causas en la miseria. Por eso procuré hacer saltos al pasado para ir construyendo un entorno político, económico y social que propicie la trata. Me explico. La desaparición de personas en ciertos sectores sociales es “normal” y no pasa nada. No se investiga, es tomado como algo que debe aceptarse. En nuestra clase media, si desaparece alguien, tu primo, hermano, hermana, es una tragedia. En la pobreza la explicación más común es que agarró monte, o se fue con el novio y ya, no pasa nada.
Hogares rotos, familias quebradas. Por supuesto que ahí hay un caldo de cultivo. Por eso conté la historia de la madre de la Perra Saldívar (la protagonista de la historia). Me remonto a los ochentas. Todo esto que pasa en el norte, la llegada de las maquiladoras y la inmigración. Para contrapuntear, puse a la clase media encarnada en el enfermero (el narrador y protagonista). Él tuvo acceso a la educación, a una casa propia y muestro cómo la violencia irrumpe en su vida aunque él no quiera; como pasó en el norte hace años y ahora en todo el país.
También quería hacer una novela que tuviera una historia de amor. Claro, no en el sentido clásico pero sí contar cómo dos individuos desamparados por toda esta violencia y brutalidad coinciden y fundan una pareja en algo tan frágil como el cariño.
IF: Estos dos personajes invierten lo que se entiende por femenino y masculino.
IC: Claro y esto es totalmente pensado. Una las razones principales de la trata es el machismo. Esta forma de ver como objeto a la mujer permite que haya una tolerancia para comprar y vender al individuo, principalmente a ella. Aunque insisto, también existe comercio con hombres pero principalmente los que la sufren son ellas. En esta sociedad la mujer es transformado en objeto de cambio, entonces se compra y se vende sin culpa, sin escrúpulos. Por eso me pareció pertinente para que funcionara la historia, es decir que un hombre se metiera en este conflicto, había que invertir los roles. Así que ideé que el hombre debería tener las características que les adjudicamos a las mujeres. Por el contrario; si una mujer debería enfrentarse a este mundo de comercio carnal, debe ser asexuada y muy fuerte, por eso pensé que fuera boxeadora. Así el juego lúdico de la novela funciona porque el tema pasa a otro plano.
IF: Algunos críticos decían que la novela criminal no se podía dar en México porque la policía no hace justicia.
IC: La novela clásica no, definitivamente no se podría dar, pero para la novela negra México es el país ideal para ella. Es decir, la de Sherlock Holmes es difícil por el concepto que tenemos de la justicia que responde a una realidad. Sin embargo la novela negra que explora otras formas de entender el género sí encuentra en nuestro país un caldo de cultivo extraordinario. Yo siento que tiene buena salud. Hay buena calidad y gente que la está haciendo a partir de todas estas renovación del género.
IF: Una cosa que me vino a confirmar Las paredes desnudas es que ubicas tus historias en un norte que es como indeterminado.
IC: Exactamente. La ciudad no tiene nombre, pero tiene rasgos de Tijuana, Ciudad Juárez, Reynosa, Nogales que comparten características comunes y otras que las diferencian. Lo que hice fue crear una localidad imaginaria que no tiene nombre y que está ubicada en esta frontera con Estados Unidos y que puede ser cualquiera de ellas. Una de las razones por las cuales mis novelas no tienen un nombre es para no estigmatizar un sitio. No quiero que digan tal lado es el de la trata. Por ejemplo, uno de los lugares donde más se trafica con personas es Nogales y nadie piensa en esa ciudad de esa manera. Me decían que si era Ciudad Juárez, puede ser. No es Nogales, no es Tijuana pero puede ser cualquiera de ellas.
IF: Incluso podría ser Tlaxcala.
IC: De hecho mucha de la información que tengo tiene que ver con casos de Tlaxcala. Hay toda una trama de casos que van de Tlaxcala a Nueva York que se están investigando y que acá no se ha hecho ruido. En Nueva York hay cientos de expediente abiertos por trata de personas que inician en Tlaxcala. Y todo viene de este pueblo, Tenancingo. Incluso Almazán tiene un reportaje buenísimo sobre él. La ruta de tráfico es Tlaxcala-Nogales-Nueva York. Investigando, me encontré que en Japón las mujeres latinas son altamente demandadas. Hay una red que alimenta los barrios de Tokio en el cual hay muchísimas colombianas y mexicanas. Les dicen que hay empleos, se las llevan y allá las compran los yakuza. En las calles de Tokio hay cerca de cinco mil latinas trabajando esclavizadas.
México es uno de los principales puntos de turismo sexual, que se da en Acapulco, Cancún, en el sur. Y así las del sur van al norte y las centroeuropeas tiene demandan en México y las mexicanas en Asia. Es algo global y lleno de intereses. Si a esto le sumas la visión cómoda de estigmatizarlas, de afirmar: esa mujer está ahí porque quiere, porque le gusta. Así no la vemos como una víctima y limpiamos la conciencia.
IF: Me llama la atención de tu novela la estructura, la forma de leerse.
IC: Para mí la estructura es muy importante. Quitando Espectáculo para avestruces, donde sí me dejé llevar por la intuición; en mis demás novelas pensé desde antes cómo la iba a ir escribiendo. Lo primero que me interesó fue que hubiera tres tiempos: el pasado remoto, el tiempo del hospital y el de la búsqueda. Si hubiera sido un tiempo lineal no funcionaría, así que decidí que los tiempos fueran simultáneos, de manera que el lector mientras va avanzando en la lectura va completando la información. Esto es la parte lúdica. Insisto, el tema es un punto de partida pero no me dejo tiranizar por él. Cuando ya entras en el universo de la novela que te exige una serie de mecanismos para mantener al lector y una arquitectura novelística propia. Ese es el verdadero reto. Finalmente temas e historias los encuentras pero crear un mundo es otra cosa. Ese es el reto, el disfrute del escritor. La función investigadora y periodística está ahí pero eso no hace una novela, lo hace jugar con la estructura con los personajes, con los tiempos. Esto es lo que disfruto.
IF: Cuando leo una novela me gusta jugar a descubrir las influencias, pero en ti no las encontré.
IC: Qué bueno. (Suelta una risotada). Yo creo que es porque soy un lector desordenado, displicente. Voy leyendo según me van surgiendo las lecturas. No digo: voy a leer todo Bolaño… Fue un mal ejemplo (y se vuelve a reír). Bueno, todo Ellroy. Si me cruzo con una novela de él la leo y luego salto a un ensayo o a otra novela. Si me vuelvo a encontrar con él, regreso. Autores que me han marcado son claro, Cormac McCarthy pero tampoco es algo de volverme un fan. Leo algo de él y me voy con Rushdie. Ahora Estoy leyendo Shaliman El payaso y estoy emocionado. ¿Sabes?, me da eso de que quieres regresar a la lectura apenas puedas. La verdad leo por ocio y placer. Así que salto de un siglo a otro, de un autor a otro. Lo que sí es que en novela negra los gringos me siguen pareciendo admirables desde Hammett, pasando por Chandler hasta los actuales, como Don Winslow.
IF: ¿Cómo llegaste al género?
IC: Desde que empecé a escribir me quedó muy claro que quería escribir género negro. Creo que los dos culpables son Manuel Vázquez Montalbán y luego Paco Ignacio Taibo II. Ellos son mis primeros autores con los que me enamoro del género. Montalbán me volvió loco en mi juventud. Lo disfrutaba enormemente. Y hay otro, Eduardo Mendoza que es comiquísimo. Claro, yo no abrazo al género completamente; escribo también otras cosas, no he creado un personaje pero siempre va estar la huella de él en mayor o menor medida en mi literatura porque lo disfruto. Yo disfruto cuando escribo y eso del sufrimiento no va conmigo.
IF: ¿Quiénes son los autores nacionales que te merecen una buena opinión?
IC: Los que te voy a decir son compas míos, pero que conste que primero los conocí como lector, ellos son BEF y Paco Haghenbeck. Me parece que ambos tienen un gran aliento y nervio. Otro que etiquetan como novela del narco es Elmer Mendoza, quien pienso es un autor a seguir y que hay que leer. Uno que recientemente murió y que incluso está en el olvido porque creció a la sombra de Taibo es Juan Hernández Luna, el poblano. Cadáver de Ciudad es una novela fantástica, genial. Es un autor olvidado. Está también Antonio Ortuño en Jalisco, aunque no es identificado con el género pero coquetea con él. También Eduardo Antonio Parra, Fernanda Melchor y su Falsa Liebre. Me parece curioso que el lector mexicano siga buscando la novela histórica y no la de género.
La chica de relaciones públicas suelta un momento su celular y nos dice que para ahorrar tiempo va a ir por el auto. Imanol, y yo seguimos charlando sobre otros autores, Hilario Peña, Francisco José Amparán… Un helicóptero militar sobrevuela el Campo Marte. Suena un claxon. Caneyada y yo nos despedimos.
Entrevista aparecida originalmente en La jornada de Aguscalientes.

El hombre del millón de dólares, entrevista con Hilario Peña



Hilario Peña es un hombre delgado y alto. Tiene brazos largos, si fuera boxeador a base de jabs podría mantener a raya los rivales. Usa camisas floreadas (o de luto hawaiano). Las Tommy Bahama son sus preferidas. Vive a las afueras de Tijuana y antes de escribir para la televisión, trabajaba en una maquiladora de capital asiático. Es un escritor atípico en México. Su primera novela publicada en Random House,Malasuerte en Tijuana, fue un éxito de crítica y público. Luego de la edición normal mereció ser editada en formato de bolsillo. Con eso, el pelirrojo sinaloense que viaja a Tijuana para huir de una banda de malhechores, se volvió tan real como su autor. Además se unió al canon de novelas policiacas mexicanas en las que está El complot Mongol, de Rafael Bernal, Trago amargo de Francisco Haghenbeck y Un asesino solitario de Elmer Mendoza.
Hilario es un tipo legal, dirían los españoles. Le gustan los autos, el box, la buena cerveza, el film noir clásico y devora novelas policiacas en inglés y español. Odia los rostros de nalga de bebe de los actores de estos tiempos, prefiere las caras graníticas de antes, las mujeres fatales y los autos que bebían gasolina como otros whisky.
Su nueva novela, Juan Tres Dieciséis, trata sobre un boxeador venido de abajo que comienza a tener éxito hasta llegar a disputar una pelea de campeonato en Las Vegas. La tragedia caerá sobre él cuando es acusado de asesinar a su esposa. El detective Malasuerte tendrá que echar mano de su encanto y sus poco ortodoxos métodos de deducción para encontrar al asesino.

Dicen que Malasuerte volvió, yo digo que nunca se ha ido. De alguna manera ya creaste un Sinaloa y Tijuana paralelo al que existe y tus novelas se “prestan” personajes. ¿Fue difícil crear todo ese universo?
Más que difícil fue necesario. Lo que más me obsesiona de una novela es la presentación de personajes y lugares, es por ello que me llevó todo un libro (Malasuerte en Tijuana) presentar a mi detective y otro más (La mujer de los hermanos Reyna) describir la ciudad que habita. Luego de haber hecho ambas cosas pude narrar con más soltura el caso Juan Tres Dieciséis.
Esta novela tiene gran estructura que bebe de varias fuentes: algo de Chandler, el humor socarrón de Elmore Leonard, el libro dentro del libro a lo Conan Doyle y el personaje endiablado de Jim Thompson, ¿es cierto o sólo estoy sobre interpretando?
Muchos narradores están convencidos de que la suya es la historia más grandiosa, sin embargo creo que lo que separa a los amateurs de los profesionales es el manejo y conocimiento de las diferentes técnicas narrativas. No sé si lo logré, pero en el caso de Juan Tres Dieciséis me esmeré en construir su relato a partir de diversas estructuras clásicas del género policiaco. Como se ha señalado, está ahí el recurso del libro dentro del libro, estilo Arthur Conan Doyle; Malasuerte es una actualización del detective romántico pero individualista, el cual ya era un delicioso cliché muchos años antes de que Raymond Chandler hiciera arte exquisito y sofisticado con él, llevándolo a otro nivel; por su parte, el boxeador Juan Tres Dieciséis es uno de esos unreliable narrators, muy similar a los que aparecen en los libros del imprescindible Jim Thompson.
Más que enseñarme a escribir con humor, siento que Elmore Leonard fue quien me animó a tomar riesgos y escribir acerca de personajes pintorescos, como ladrones de joyas, comisarios, detectives y boxeadores.
Parece que hay una obsesión por la originalidad actualmente, pero a ti no te importa. ¿Cómo es jugar con los clichés, con las estructuras?
Los que más despotrican en contra de los clichés son lo que más echan mano de ellos. Hay clichés fáciles y los hay difíciles: uno fácil es el del intelectual maldito, alter ego del autor, que va por la vida presumiendo lo mucho que le gusta drogarse. Que sea muy aburrido no significa que no sea un lugar común. Un cliché difícil sería narrar la logística detrás de un asalto bancario. Es por ello que en la historia de la literatura mexicana hay tantos ejemplos del primer tipo y tan pocos del segundo.
No hay por qué tenerle temor a los arquetipos y convenciones de cada subgénero. Cuando escritores talentosos como Bernardo Fernández o Andrés Acosta (y varios más) hacen literatura de subgénero recurren a sus convenciones, por supuesto, pero al mismo tiempo le imprimen su propia idiosincrasia, y se genera algo novedoso y atrayente.
En otra entrevista habías comentado que era difícil narrar acción y en esta la acción es trepidante. ¿Cómo lograste imprimir tanta fuerza este libro?
Lo que me interesa es expresarme artísticamente por medio de la acción, transmitir emociones, que mis personajes sean conocidos por sus actos, en lugar de usar sus bocas para “tirar netas”.
Se nota a todas luces que sabes sobre box, el lector de inmediato reconoce que tu deporte es el box. ¿Juan Tres Dieciséis, está basado en algún boxeador o es solo un arquetipo?
Admiro todos los deportes, excepto ese que vende la UFC, conocido como Vale Todo, o Artes Marciales Mixtas, un deporte sin etiqueta, ni reglas, ni protocolos. Una muestra más de la decadencia de los días que corren.
Juan Tres Dieciséis es un homenaje a los beautiful losers del boxeo y de la vida. Se parece físicamente y pelea con una intensidad muy similar a la del Changuito Vargas… Nadie pierde tan elocuentemente como Manuel El Changuito Vargas, a quien siempre iba a ver y siempre me tocaba verlo perder, sobre todo en contra de peleadores mucho más pesados que él.
Creo que una historia no tiene por qué ser de éxito para resultar interesante. La que escribí es más bien una tragedia.
Tu novela tiene un humor muy ácido, muy crítico, pero que está siempre como escamoteado. Bajita la mano le acomodas unos jabs a las televisoras y los manejadores por su voracidad y varios coscorrones a los activistas de las redes sociales. Rodrigo Barajas era un conservador hardcore, casi un republicano. Malasuerte es más desenfadado pero también tiene una moralidad casi de caballero de brillante armadura. ¿Te gustan los personajes a la vieja usanza?
La novela policiaca es un instrumento de denuncia social por naturaleza. El chiste es no forzar esta denuncia, para que salga natural y no panfletaria. Toma por ejemplo al reaccionario James Ellroy, quien por más que haya alabado públicamente las decisiones de los Bush, su novela policiaca El Gran Desierto es una genial denuncia de la cacería de brujas liderada por el senador republicano Joseph McCarthy.
En efecto, mis personajes tienen muchos defectos, como ser excesivamente conservadores o chapados a la antigua, pero creo que es lo que los hace interesantes, y, al final, no afecta el valor de la obra.
Hasta ahora has logrado escribir una novela por año en las que de una u otra manera has ahondado en los diferentes formatos de la novela popular norteamericana y los has sabido tropicalizar muy bien. Sé que ahora escribes un westerns clásico, pero ¿harás algún día una novela sobre conductores de autos? ¿Sobre un sicario?
Mi proyecto a largo plazo es explorar las distintas versiones del Héroe de los Mil Rostros. Ya lo he presentado a mis lectores en forma de comisario justiciero y detective privado. En estos momentos lo estoy haciendo pistolero del Salvaje Oeste. Más adelante lo escribiré en forma de pirata inglés o “caballero de armadura brillante”.

Entrevista aparecida originalmente en Letras Explicitas.

Página de Hilario http://www.hilariop.blogspot.mx/2012/10/cielo-pulp.html

jueves, 12 de febrero de 2015

El Birdman sin Vengador, o de como filmar película sin cortes

Nunca me ha entusiasmado en demasía la obra de Alejandro González Iñárritu (ahora G. Iñárritu). Si bien Amores Perros se ha convertido en La película mexicana en el mundo, me sigue pareciendo dispareja, con personajes interesantes, bien dirigida, actuada, con un par de historias deslumbrantes pero con una trama intermedia que hace que decaiga mucho y con un conflicto moral bastante pequeño burgués. Iñárritu se catapultó hacia Hollywood con la primera llamada de las sirenas y allá replicó lo que había hecho aquí: tres historias, un conflicto “humano” y una dirección que me seguía pareciendo demasiado hecha para agradar a los críticos.
Cuando trato de hacer memoria sobre 21 gramos o Biutiful no llega nada a mi mente. Ni bueno ni malo. ¿De Babel? claro que sí, la breve escena en donde Rinko Kikuchi separa sus piernas y muestra su entrepierna. Ver lo nuevo de Inárritu, es curioso, no me molesta ni me emociona. La idea de ver Birdman vino de un rompimiento en su habitual manera de llevar su trabajo, dentro de lo políticamente correcto de Hollywood. El chilango ha hecho su trabajo de lobby entre la crítica gringa y europea granjeándose halagos hacia su trabajo. El Negro, como era conocido, de improviso dijo que había roto con lo que venía haciendo y se había atrevido a tocar terrenos desconocidos.
Birdman confirma su decir. En principio de cuentas se arriesga con actores con los que no había trabajado; por ejemplo, un Michael Keaton poco querido en taquilla. Los cambios también se perciben en el guión, atrás quedaron esos actos muy pensados, este parece estar escrito sobre la marcha, con una idea general pero completado por más de una persona, en este caso cuatro: Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo y el mismo Iñárritu.
Pero tal vez el mayor acierto del mexicano fue no hablar de lo no que no conoce y centrarse en el mundillo en el que está imbuido. En sus anteriores películas cometía la equivocación de tratar de retratar un mundo del cual solo sabía de oídas: el de los marginales. Como casi todos los cineastas mexicanos cuando se topan con la pobreza lo ven desde la lente de quien desayuna caviar. Ejemplos sobran: De la calle, Navajazo y las que se acumulen.
Aquí, Iñarritú da rienda suelta a un humor ácido sobre el mundo del cine, de la actuación y del teatro. La cinta narra la búsqueda de redención de un actor famoso hace años por protagonizar una saga superheroica. Riggan Thompsom (Michael Keaton), desea demostrarles a críticos, amigos y público, que puede ser más que un “hombre en botarga”, por lo cual decide adaptar los textos de Raymond Carver (autor minimalista, antípodas de los relatos de superhéroes), y montar una obra de teatro.
La cinta, contada a través de un largo plano secuencia (trucado, claro está), nos va revelando los entretelones de una obra en Broodway: la forma en que se maneja a la prensa, las veleidades de los actores, los problemas con los productores, los dramas internos, las carreras comprometidas y la dureza de los críticos. Iñárritu hace uso de un humor negro antes no visto en él, para ir desnudado uno a uno a los personajes y en el camino ofrecer una crítica visión del mundo de la farándula.
El logro técnico le pertenece completamente a Emmanuel Lubezki, quien logra unir todas y cada una de las escenas sin que su trabajo sea invasivo. Su cámara, como un obseso observador, se entromete en las bambalinas y las calles de los acontecimientos. No es de extrañar que él también fuera culpable del plano secuencia de Gravity.
Un acierto dentro de la historia es mezclar la realidad con la ficción. Los chistes abiertos a gente de la vida real (“Podría contactarte con el cirujano plástico de Meg Ryan”) y los internos llenan de vida una cinta que va de la comedia al drama. Keaton se interpreta a sí mismo (el fue Batman y ese es su cruz), tal y como Edward Norton lo hace (se dice que Norton siempre quiere imponer su visión en cada película), logrando que la cinta sea una especie de juego privado al cual somos invitados.

Birdman es muy neoyorquina, es decir, pedante y pequeño burguesa, pero también inteligente y atrayente. Uno se deja llevar por esta vorágine de estímulos que lo mismo mezcla poderes sobrehumanos, que suicidios en el escenario, recriminaciones familiares que sexo real en escena. Al final, el hombre que busca ser reconocido por su talento actoral acaba convertido en un trend topic más… Y tal vez gane un Oscar.

Publicada originalmente en Pez Banana 15

lunes, 2 de febrero de 2015

Guerra en el subterráneo.

Metro Tacubaya, línea café, viernes ocho de la noche. La estación está a reventar. Cada viernes hago ese recorrido y esta cantidad de gente es anormal. La multitud comienza apenas uno baja de la escalera eléctrica. Me dice uno de los vendedores ambulantes que los convoyes se han tardado más de lo normal. El resultado de esto es que la estación está llena en dirección a Pantitlán. Los vagones arriban ya con normalidad pero tal cantidad de gente es imposible de desaparecer en poco tiempo. El aire comienza a enrarecerse y los empujones a crecer. Cada vez que un “metro” se acerca la gente se apelotona buscando las entradas.
Las mujeres son las que más sufren, más las pequeñas que muchas veces son arrastradas por la multitud. Los hombres no ceden ni un poco de espacio. Están cansados y lo que quieren es llegar a su casa lo más pronto posible. En ese momento no hay galanteos o un poco de consciencia por el resto de los usuarios. El que es más fuerte llega más rápido a la puerta y se apodera de los lugares.
El problema se incrementa cuando varios usuarios atraviesan para el lado donde descienden los usuarios y se suben al vagón vacío dejando con palmo de narices a los que esperamos pacientemente en el lado correcto. Son unos pocos, tal vez 15 o 20. La rechifla no se hace esperar. La gente que espera le pide al par de policías que instaure el orden y baje a los “listillos”. El convoy está detenido. No se quieren bajar. La gente se sigue acumulando. La conductora del metro se baja y les pide que entiendan la importancia de hacer lo correcto: pasarse del otro lado y esperar como todos.
Los que están ahí parece que no oyen. Siguen sentados e ignoran lo que sucede. Un par hasta leen con desgano su revista. La conductora baja una de las palancas de emergencia y grita que no avanzará hasta que no se bajen. Luego hace una llamada por radio.
Llega un convoy y como está ocupado su lugar natural de descenso, debe arribar en nuestro lado. El caos se hace presente. Un par de policías piden dejar descender a los que van llegando. No hay manera. Nadie hace caso. Una avalancha de rinocerontes se lanza sobre los que quieren bajar apenas se abren las puertas. Quejas y gritos pero el metro se va con un poco de gente de la estación inundada. Frente a nosotros varios de los “listillos” se bajan y permiten que el convoy avance y recoja otra cantidad de usuarios. Algunos se quedan esperando al siguiente. Llega y se suben una vez más repitiendo lo que habían hecho hace poco minutos. Esta vez, además de los dos policías, hay un par de operativos del Metro en sacos azules con el logotipo anaranjado. Tratan de hacer entender a la gente que se baje. Los que estamos en el lado contrario chiflamos y gritamos.

“No me toques, maldito policía, tengo derechos.” Grita un señor de traje que empuja al uniformado cuando este le pide que se baje tomándolo del brazo. Luego de varios minutos los “listillos” triunfan. El vagón se va con ellos adentro pero la ira ya es tal que cuando entramos al vagón ocupado la gente les recrimina su actitud. “Por eso estamos como estamos”, dice un señor canoso a un par de muchachos. Ellos le gritan indolentes y casi llegan a los golpes. Todos estamos cansados, hace calor. Esto está a punto de estallar. De alguna manera no lo hace. Nadie suelta un golpe, nadie pasa de gritar. Avanzamos y soportamos el suplicio.